x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

Los límites de un discurso

Cuando el votante interpreta que la promesa de cambio o la insistencia en la inclusión no se traducen en decisiones efectivas, la esperanza pasa rápidamente a la desilusión.

hace 3 horas
bookmark
  • Los límites de un discurso

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

La nueva era política en la que se embarcó Chile, con dirección a la derecha en cabeza de José Antonio Kast, representa el viraje más conservador de la nación del sur desde el regreso a la democracia en 1990. Kast, que intentó llegar a La Moneda en tres ocasiones, finalmente derrotó a la izquierda de Jeannette Jara y su Partido Comunista el pasado diciembre. Ese triunfo se sostuvo en dos pilares. De un lado la propuesta de mano dura en asuntos como la seguridad y la lucha contra el crimen, el control estricto a la migración y la reactivación económica, desde la inversión privada. El otro soporte fue una evidente decepción de los ciudadanos con el mandato de izquierda del Gabriel Boric.

Boric fue el presidente más joven en la historia de Chile. Asumió en el 2022 con tan solo 36 años y la enorme responsabilidad, discursiva y simbólica, de encarnar un cambio generacional en la política del país. Su mandato fue el resultado del estallido social y juvenil que llevó a las calles a decenas de miles de jóvenes en el 2019 y que mostró un hartazgo con el modelo de una nación que, a pesar de su apariencia de orden y crecimiento, tiene profundos problemas sin resolver en asuntos como las pensiones, la educación pública y la salud. Su bandera principal fue el cambio de la Constitución de 1980.

Pero los símbolos tienen un techo. Son efectivos como elementos aglutinadores para el proceso electoral y logran un enorme alcance cuando entusiasman al pueblo para su movilización, pero deben ser rápidamente refrendados en el ejercicio de lo público. Cuando el votante interpreta que la promesa de cambio o el anuncio de renovación o la insistencia en la inclusión no se traducen en decisiones efectivas, la esperanza pasa rápidamente a la desilusión y esta, a su vez, a la rabia que mueve el péndulo político al otro extremo.

Gabriel Boric fue un presidente correcto en su discurso democrático que evitó profundizar en los radicalismos. Pero la corrección es insuficiente para gobernar una nación. Al poco tiempo de llegar al ejecutivo vio rechazada en las urnas la propuesta de una nueva Constitución y llamó al consenso. En el segundo intento fracasó también. Paradójicamente el apoyo masivo que tenía la proposición cuando él estaba en campaña viró hacia una crítica cuando el votante interpretó que la modificación era demasiado radical. Que la estabilidad de la nación estaba en juego. Kast escaló allí, en medio de un nuevo descontento, y la población se vio atraída por el otro extremo ideológico.

“La izquierda que solo le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse”, dijo Boric al reconocer el triunfo de la derecha. La frase es, también, una aceptación, de los límites que tiene un discurso cuando es incapaz de ser efectivo en la administración. Cuando hay contradicciones evidentes entre lo que se promete y lo que se puede hacer.

Sigue leyendo

David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD