Pico y Placa Medellín
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Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.
Medellín muestra una reducción sostenida de los homicidios, consolidándose como una de las ciudades con mejor desempeño en este indicador.
Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co
Esta semana se hizo viral un grito desesperado de una estudiante en una calle de Bogotá cuando fue hurtada por asaltantes en motos a pleno día. Las encuestas sobre percepción de las problemáticas ciudadanas, la seguridad está señalada como crítica.
En un análisis comparativo de los niveles de violencia en las principales ciudades de Colombia durante los últimos cinco años, enfocado en dos indicadores clave: la tasa de homicidios y el hurto callejero, quedan dos preguntas: ¿Desempleo, ingreso y pobreza son determinantes de los niveles de violencia, cuando Bogotá, la ciudad con mayor ingreso, lidera las estadísticas de hurto y triplica a la ciudad de menor incidencia 6,5% vs 2,1%? ¿Cuánto pesan las redes de crimen organizado en hurto y homicidios y Barranquilla presenta una expansión y triplica con 39 homicidios por cien mil habitantes los 13 de Medellín?
En primer lugar, los homicidios continúan siendo el indicador más representativo de violencia letal. Durante el periodo 2020–2024, se observa una tendencia heterogénea entre ciudades. Bogotá ha mantenido niveles relativamente estables, con tasas cercanas a 16–17 homicidios por cada 100.000 habitantes. Medellín muestra una reducción sostenida, consolidándose como una de las ciudades con mejor desempeño en este indicador. Por otro lado, Cali sigue presentando los niveles más altos, aunque con una disminución progresiva desde el pico registrado en 2021. En contraste, ciudades del Caribe como Barranquilla y Cartagena evidencian un incremento sostenido, asociado a disputas entre estructuras criminales. Cúcuta también mantiene niveles altos, influenciados por dinámicas fronterizas.
En cuanto al hurto callejero, este es el delito más frecuente en el país. A diferencia de los homicidios, afecta directamente la percepción de seguridad de los ciudadanos. Las cifras muestran una tendencia a la baja desde 2021, tras el aumento posterior a la pandemia. Bogotá presenta la mayor incidencia de hurto, con cerca del 6,9% de la población reportando haber sido víctima en 2023. Medellín ha logrado reducciones importantes, pasando a niveles cercanos al 2%. Cali, Barranquilla y Bucaramanga presentan niveles intermedios, mientras que Manizales mantiene los niveles más bajos.
En términos generales, la violencia en Colombia ha cambiado su naturaleza. Actualmente es más localizada y menos generalizada que en décadas anteriores. Los homicidios están asociados a economías ilegales y control territorial, mientras que el hurto responde más a dinámicas urbanas y oportunidades delictivas.
El reto de las ciudades es ser vivibles, que sus ciudadanos no sientan miedo al salir a las calles. Aunque se han logrado avances en algunas ciudades, persisten desafíos importantes. La reducción de la violencia requiere intervenciones diferenciadas según el tipo de delito y las condiciones locales.
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.