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El 8 de marzo usted no puede ser indiferente

Colombia necesita menos fuego y más dirección. Y esa decisión empieza el 8 de marzo.

hace 1 hora
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  • El 8 de marzo usted no puede ser indiferente

Por Diego Santos - @diegoasantos

Quedan diez días para salir a votar en unas elecciones que, sin ser presidenciales todavía, son las más cruciales que recuerdo. No se elige al próximo jefe de Estado, pero sí se define el Congreso y se miden las consultas que marcarán el rumbo de lo que viene. Lo que ocurra el 8 de marzo no será otro trámite político cualquiera: será el punto de partida del proyecto de país que nos acompañará en los próximos años.

Los ánimos están caldeados. Amistades que se enfrían, familias que discuten, chats que se convierten en trincheras. El ambiente está tenso porque en juego está una visión definitiva de Colombia. En materia electoral es difícil ser objetivo; cada quien mira la realidad desde sus convicciones. Intento, sin embargo, expresar mi sentir con respeto: el 8 de marzo Colombia se juega su democracia. No es una exageración retórica. Es una advertencia directa.

Nunca había sentido el peligro de la erosión institucional tan cerca, tan respirándonos en la nuca. Las dos opciones que hoy puntean en las encuestas no representan, a mi juicio, el modelo de país que necesitamos. Sin embargo, son las que concentran más adeptos. Al menos así lo mostraban las encuestas hasta ayer, antes de conocerse la de Caracol Noticias, que —según versiones preliminares que circularon en múltiples chats— disparaba a Cepeda por encima del resto.

Las encuestas pueden cambiar. El país también. Y todavía existe un resquicio para ofrecer una alternativa más sensata, más cuerda, capaz de atemperar los ánimos que hoy hierven. Ese resquicio se llama Gran Consulta. Nueve candidatos que entendieron que el país no necesita más incendios, sino una competencia abierta para escoger a uno que represente una visión experimentada, firme pero moderada.

Si la Gran Consulta logra superar los seis millones de votos, el tablero político cambiaría de manera sustancial. Dejaría de ser una contienda entre extremos para convertirse en una disputa más amplia, donde un tercer actor entraría con fuerza real. No se trata de ilusión aritmética. Se trata de legitimidad democrática. Una votación de ese calibre enviaría un mensaje inequívoco: Colombia quiere opciones distintas a la polarización.

Mucho se habla de votar en la consulta de la izquierda, la de Roy Barreras, para frenar a Cepeda. Nada más torpe que eso. Votar en contra, en lugar de votar a favor, solo fortalece la lógica de los extremos. Roy difícilmente superará el millón de votos. En cambio, la Gran Consulta podría debilitarse si parte de su potencial electorado decide dispersarse por cálculo estratégico.

El momento exige algo distinto. Respirar. Pensar. Actuar con cabeza fría. No votar desde la rabia ni desde el miedo, sino desde la convicción de que el país merece una alternativa que no se fundamente en la confrontación permanente.

Su voto es más importante que nunca. No es una frase de campaña. Es un hecho. Lo que ocurra en 10 días marcará la conversación nacional, redefinirá alianzas y condicionará la presidencial que se avecina. Aún estamos a tiempo de inclinar la balanza hacia un proyecto que privilegie la sensatez sobre el ruido.

Colombia necesita menos fuego y más dirección. Y esa decisión empieza el 8 de marzo.

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