Con el frescor traído de las tierras del Nuevo Mundo, el primer Papa no europeo, luego de 1.200 años lanzó una crítica a un continente que se ve cansado, pesimista, en el que sus grandes ideales, “parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”.
Lo hizo el pasado 25 de noviembre durante los discursos al Parlamento Europeo y al Consejo de Europa en su viaje relámpago a Estrasburgo.
El Pontífice manifestó su preocupación de que Europa esté perdiendo sus raíces. La comparó con un tronco que crece con elementos tan ricos como el pensamiento, la cultura y los descubrimientos científicos. “Las raíces se nutren de la verdad, que es el alimento, la linfa vital de toda sociedad que quiera ser auténticamente...