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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 03 de diciembre de 2015

Dos décadas de Cultura Metro

Veinte años ya cumple el sistema Metro en Medellín. Sus trenes han revolucionado la manera como se organiza, se moviliza y se ve nuestra ciudad, se ha convertido en símbolo estético y de desarrollo, además de desencadenante de muchas de las transformaciones de las últimas dos décadas en todo el Valle de Aburrá. Pero más allá de estos logros –algunos objetivos y otros más subjetivos- uno de los aportes más interesantes del sistema a la ciudad es la célebre “Cultura Metro”, que ha hecho que un sistema de transporte masivo sea mucho más que eso, sea un símbolo de lo que los medellinenses quieren para su ciudad.

Entonces ¿por qué ha sido exitosa la Cultura Metro en su misión de transformar comportamientos ciudadanos?

Lo primero fue apalancarse en lo que Elinor Ostrom llama los “atributos de comunidad”, es decir, en las características culturales –como los valores, las percepciones y las representaciones- que comparte un grupo de personas. En efecto, la Cultura Metro vinculó el cambio de comportamiento que les pedía a los usuarios del sistema al conocido orgullo paisa, desencadenando un sentido de pertenencia que es en buena medida responsable por el éxito del sistema.

Lo segundo es la claridad y la insistencia en las normas del sistema que busca incentivar la Cultura Metro. Así, viajar en el Metro supone una avalancha de recordatorios sobre cumplimiento de normas y las descripciones de los comportamientos deseados dentro del sistema, desde evitar pararse sobre la línea amarilla, hasta ceder los puestos a adultos mayores, mujeres embarazadas o con niños en brazos. Esto dificulta la relativización de las normas o la neutralización de la culpa luego del incumplimiento. La gente sabe qué debe y qué no debe hacer, y eso es poderoso.

De igual forma, la campaña se ha sustentado en esperar más de las personas, asumiendo que con los incentivos correctos pedirles a los ciudadanos que se comporten bien es más efectivo que amenazarlos con las sanciones de no hacerlo. La Cultura Metro superó el “si incumple será sancionado” logrando, en casi todos los casos, un mensaje sustentado en el “los ciudadanos cumplen”.

Finalmente, conectó el orden, la efectividad y la eficiencia del sistema con el comportamiento de los usuarios en una variante de la aproximación de “ventanas rotas”, asumiendo que las personas se comportan mejor en entornos físicos cuidados, limpios y al disfrutar de servicios de calidad. Esto produce un bucle virtuoso en donde el buen comportamiento mejora la eficiencia del sistema y viceversa.

Estas son solo cuatro de muchas razones del éxito de la Cultura Metro. Pero son sobre todo lecciones para otros proyectos de ciudad de largo plazo, particularmente políticas y programas que también pretendan lograr la transformación los comportamientos ciudadanos, sacar lo mejor de las personas.

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