Es una coincidencia fatídica para el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc que el año en que pretenden firmar el acuerdo de La Habana sea justamente este 2016. Del lustro que lleva la negociación, contando acercamientos clandestinos y conversaciones oficiales, no se había podido escoger un peor momento que el actual para el cierre y la convalidación del proceso.
Resulta obvio que ni una parte ni la otra podrían preveer el contexto perjudicial que vivimos, pero será catastrófico para las aspiraciones plebiscitarias del acuerdo que justo estemos en un periodo económico tan azaroso, en el que Colombia pasa saliva y se aprieta el cinturón.
La firma de un proceso de paz que pretende una ratificación en las urnas por parte de la...