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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 05 de marzo de 2022

El dolor nos cambiará

El sol domina el cielo, pero no calienta. Hace frío hoy en Boloña, taladra la piel sutilmente y envuelve mis huesos. Desde los quioscos, los periódicos repiten el tam tam de la guerra que desde Ucrania extiende sus sombras sobre el resto del mundo. “¿Estamos a puertas de una nueva guerra mundial?”, me pregunto mientras acelero el paso y doblo la esquina. “¿Habrá algo o alguien que nos salvará de la autodestrucción?”, me pregunto mientras ingreso furtivamente en la iglesia de Santo Domingo, unos minutos antes de las diez. Me acogen las notas de un violín y de una trompeta tocando una popular melodía de Lucio Dalla, el artista italiano que nos regaló “Caruso” y muchas otras canciones que se convirtieron en la banda sonora de momentos alegres y tristes de nuestras vidas.

De hecho, hoy, primero de marzo, se cumple el décimo aniversario de la muerte de Lucio Dalla. Eran precisamente las diez de la mañana cuando, de repente, su corazón dejó de latir una fría mañana del 2012. Estaba en la suite de un hotel en Montreux, en Suiza, acostado en un sofá. La noche anterior, después del último concierto de su vida, fue a visitar la estatua de Freddy Mercury y le dijo: “Nos vemos mañana”. Me siento en la última fila de sillas de la gran basílica donde me alcanza el amigo y teólogo Vito Mancuso, quien fue un gran amigo de Dalla. Es una misa íntima, en la cual cada año participan familiares y unos amigos. Es raro, pero la sensación es que el espíritu de Lucio Dalla sigue flotando entre las arcadas y los callejones de su ciudad. Mientras la voz cansada del viejo cura, quien fue el padre espiritual del artista, entona las oraciones, se me vienen a la mente los momentos que compartí con Lucio Dalla cuando yo era estudiante universitario en esta ciudad; conversaciones en su estudio, una visita a Luciano Pavarotti en Pesaro, comiendo sandías donde Agnese.

Pero hoy llega al corazón, sobre todo, la letra de la canción “Henna”, que Lucio Dalla escribió contra la guerra en Kosovo. Estaba con su barco frente a la costa de las islas Tremiti cuando empezó aquella guerra. Vio a los aviones de combate volar sobre su cabeza. Un escalofrío recorrió su cuerpo y se imaginó que un soldado iba adonde su general para desobedecer las órdenes de la guerra. La letra de “Henna” es el monólogo del soldado que se niega a la guerra. “Ya no más sangre... Está bien, yo creo en el amor, el amor que se mueve desde el corazón... el amor misterioso también de los perros y de los otros hermanos animales, de las flores que parecen sonreír hasta cuando te inclinas para llevarlas lejos... Creo que el dolor, el dolor nos cambiará... Yo creo que el amor, el amor nos salvará”. Letras de ayer, que Lucio Dalla parece cantarnos también hoy desde la glacial Ucrania 

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