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Publicado el 22 de agosto de 2021

El fútbol

Por Armando Estrada Villa

redaccion@elcolombiano.com.co

El fútbol profesional, que es en la actualidad más negocio que deporte, merece una mayor reflexión por los hechos violentos que en su entorno ocurren con relativa frecuencia. Hasta ahora, para tratar de eliminar la violencia en los estadios se propone carnetización de los hinchas, empleo de cámaras de vigilancia y aumento del pie de fuerza.

Pero ocurre que la violencia y los desmanes no se presentan solo en los estadios, permanentemente se registran noticias sobre la agresión verbal y física por el simple hecho de portar una camiseta de determinado color en cualquier lugar. Así, muchas personas resultan atacadas por llevar camisas rojas, azules o verdes, de manera que el color de una prenda de vestir se convierte en razón válida para ser tratado como enemigo al que hay que hostilizar.

La lógica amigo-enemigo que trae el fútbol consigo está llegando a un nivel de fanatismo, alimentado en parte por los medios de comunicación, igual o mayor que el que se vivió con la política y la religión. Un sano entretenimiento se ha trocado en pasión desmedida que conduce al fanatismo y de allí al desfogue y la violencia, como se demuestra con el comportamiento de algunos hinchas en Bogotá, Medellín y Manizales, que, en los últimos días, actuaron con furor y provocaron heridos y problemas de orden público.

Y es que los fanáticos tienen la certeza de que todo límite moral y ético puede traspasarse a nombre de la causa que defienden. La devoción de los hinchas y la fidelidad y la entrega al equipo de sus amores hace que no baste el amor por su equipo, sino que haya que odiar a sus principales rivales. La pasión exagerada avala los excesos que cometen, ya que son hinchas del mejor. Fanatismo que, además, induce al consumismo y facilita la corrupción de la dirigencia. En religión y política se ofendían y hasta mataban por ideas, dogmas y fe en un dios, en tanto que en el fútbol se ofenden, hieren o matan por algo que debe ser diversión, agradable entretenimiento.

No solo se presentan disturbios cuando se enfrentan equipos locales: la Selección Colombia, con sus triunfos y derrotas, produce alegría y desazón que pueden desembocar en violencia. Valga de ejemplo la información sobre el Campeonato Mundial en Rusia. RCN, en emisión del 25 de junio, tituló: “8 muertos, 73 lesionados dejó la celebración del triunfo de Colombia. El reporte de la policía indica que este domingo se presentaron más de 3.800 riñas en el país por exceso de licor e intolerancia”, y CNN, en emisión del 29 de junio: “Muertos, heridos y riñas violentas: los desmanes de las celebraciones por el triunfo de la Selección Colombia”.

Por eso, más que policías, carnetización y cámaras, que son necesarios, pero insuficientes ante la magnitud y característica del problema, es urgente acudir a la cultura ciudadana que brinde orientaciones hacia el respeto a la vida y a la ley, la tolerancia de las hinchadas distintas de la propia, la exclusión del recurso a formas violentas de acción y el reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos. Con la aplicación de medidas dirigidas a la detección de creencias, hábitos, motivaciones, intereses y emociones que representan un riesgo, que suelen llevar a los hinchas a actuar en forma dañina para la seguridad y hasta la vida de otras personas, el fútbol recuperará la convivencia

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