Aunque es un hecho frecuentemente ignorado en el resto del mundo, Alemania es un lugar chistoso, en serio. Mucho antes de que Jon Stewart y Samantha Bee redefinieron el humor de actualidad americano, los comediantes aquí perfeccionaron el arte de la aguda sátira política.
En su mayoría, los políticos alemanes entienden el chiste. Pero ahora la política y el humor están chocando en una nueva manera, una colisión que expresa la tragicomedia de la Europa moderna.
Hace unas semanas, el programa de televisión alemán “extra3” satirizó al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con una canción, lo que llevó a que el gobierno turco invitara al embajador alemán en Ankara para una conferencia, presumiblemente, sobre su postura en cuanto a los límites...