Don Simeón Gómez Pastor, bisabuelo de Fernando Gómez Martínez tenía la gracia y habilidad de improvisar en verso pero también era buen consumidor de aguardiente y se los tomaba con frecuencia.
Cierta tarde iba don Simeón por la calle de La Amargura en Santa Fe de Antioquia, con una buena tanda de guaros entre pecho y espalda, cuando tropezó en un ladrillo levantado en la acera, lo que le produjo una aparatosa caída y la irrespetuosa risa de un grupo de jovencitas que charlaban en la acera del frente. Don Simeón, ofendido se levantó y les dijo:
“Cayó un Dios Omnipotente, y Señor de lo creado,
No ha de caer un malvado, saturado de aguardiente,
Y si acaso mi caída se comenta entre la gente,
Cada cual mire su vida que la mía está presente”.
Me había comprometido...