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El pragmatismo del centro derrotado

El centro perdió porque Colombia, hoy, no está ahí. Negarlo sería repetir el error.

hace 1 hora
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  • El pragmatismo del centro derrotado

Por Diego Santos - @diegoasantos

Perdimos estrepitosamente en las elecciones de primera vuelta. No fue una derrota como cualquier otra. Es de esas derrotas durísimas que dejan una profunda cicatriz y tardan mucho tiempo en sanar. Claro, de las derrotas se dice que uno sale más fuerte, pero este es un consuelo inútil si no se reflexiona a conciencia qué salió mal y cómo recomponerse a partir de ahora.

¿Entonces? Lo primero es aceptar algo que quedó más que evidenciado: el centro es irrelevante. No solo como concepción ideológica, sino como actor político y moldeador de la realidad colombiana. Tal y como lo explica de forma categórica la revista The Economist: durante los últimos años, una y otra vez, el centro ha sido aplastado elección tras elección. Tratar de negar esta realidad es rechazar los resultados de las urnas: casi el 90% de la ciudadanía está en los extremos. Que eso nos guste o no, no importa. Hoy el centro es una minoría, y una minoría sin mucha influencia y aún más poca voz.

Sí, hay que levantarse, hay que recomponerse, hay que trazar un camino de largo plazo, pero eso toma tiempo, eso se construye con trabajo, con paciencia y, sobre todo, siendo realista. ¿Qué somos, qué queremos, qué necesitamos, quiénes somos y qué representamos? ¿Cómo nos recomponemos? ¿Quiénes son los líderes, qué fuerzas hay, dónde están los movimientos? ¿Tenemos entre nosotros cosas en común? Son muchas preguntas que hoy no tienen respuesta, y está bien que así sea. Con el tiempo, con voluntad, y con liderazgos, se irán respondiendo.

Pero todo a su tiempo, porque ahora, ad portas de una importantísima elección presidencial, el centro no se puede quedar pasmado. O se apoya a un lado o al otro. En la Colombia de hoy votar en blanco es aniquilar aún más la ya de por sí debilísima voz de centro. Hay dos modelos propuestos, el 43% quiere el de Abelardo, y el 41% el de Cepeda. Sí, es blanco o negro. El gris perdió.

Si el centro quiere renacer, debe tomar conciencia en cuál modelo es más propicio para reinventarse y reconstruirse. Cepeda representa la continuidad del proyecto que ya gobernó. Con otro nombre, con mejor maquillaje, pero con la misma lógica: el poder como monólogo, las instituciones como obstáculos, los adversarios como enemigos. Petro y Cepeda lo demostraron esta semana con claridad: desconocieron los resultados sin una sola prueba. El que fue, no deja de serlo.

Abelardo no es el candidato del centro, pero su proyecto no nació del desprecio por las instituciones ni de la idea de que Colombia necesita rehacerse desde cero sobre las ruinas de lo que existe. Eso, hoy, importa más que cualquier afinidad ideológica.

En lo que a mí concierne, la opción es De La Espriella. Esto no quiere decir una rendición ideológica. Es pragmatismo de reconstrucción. El centro no se puede reconstruir en un ecosistema que no tolera voces distintas. Primero hay que sobrevivir. Luego, crecer.

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