Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

El tribunal de la belleza

La necesidad de pulir clínicamente los cuerpos alcanza magnitudes que podrían interpretarse como sintomáticas.

hace 1 hora
bookmark
  • El tribunal de la belleza

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Vasta y heterogénea, la oferta de procedimientos estéticos es sorprendente por su variedad y aterradora por sus nombres: criolipólisis, adipocitólisis, lipocavitación. Las potenciales intervenciones agrupan un conjunto inimaginable de métodos: termolipólisis, fototermólisis selectiva, lipólisis láser. En unos se congela o se quema la grasa. En otros, se infiltra la piel. Unos tratamientos involucran la exposición del cuerpo a ondas de ultrasonido, a cargas electromagnéticas o, gracias a la inigualable creatividad científica, a un láser. Tantos son los esfuerzos por modificar nuestros cuerpos, como heterogénea la naturaleza misma de los tratamientos: quemar, congelar, esculpir, disolver, remodelar, regenerar. Esta variedad se explica, en parte, porque el cuerpo es desde nuestras perspectivas, potencial y permanentemente, mejorable. Los párpados, el abdomen, los senos, los glúteos, la nariz, los genitales. Todo es digno de corregirse. De perfeccionarse.

En nuestro país, los servicios para perfeccionar el cuerpo con este tipo de procesos abundan y las clínicas en las que se ofrecen este tipo de intervenciones proliferan. Referente mundial en servicios que prometen reducir las imperfecciones y aumentar la belleza, Colombia es un epicentro de cirugías y procedimientos estéticos. La oferta de servicios es un espejo de la demanda. Y la demanda de procedimientos alcanza niveles mundiales: en uno y otro ranking, Colombia es, al lado de Brasil, México o Estados Unidos, uno de los países en los que mayores intervenciones estéticas se realizan.

La existencia de tantos procedimientos y de tantos centros estéticos para moldear nuestros cuerpos no es sino reflejo de una sociedad, cuyos habitantes están obstinados en transformar su físico y en modificar su apariencia. La necesidad de pulir clínicamente los cuerpos alcanza magnitudes que podrían interpretarse como sintomáticas. La propagación de estos centros estéticos en nuestro país es un indicio, a veces demasiado diciente, a veces demasiado preocupante, de que algo no anda bien. Todo esto denota, desde mi perspectiva, formas particulares para relacionarnos con nosotros mismos y para relacionarnos con el otro, cuya lógica es la de un tribunal: el tribunal de la belleza. El cuerpo ajeno es el acusado y nosotros, con nuestra mirada y nuestras opiniones, con nuestros juicios, nuestras absoluciones y nuestras condenas, somos los jueces. Perenne y ávida, nuestra capacidad para juzgar y emitir sentencias sobre los cuerpos ajenos es insaciable: hacemos evaluaciones permanentes del peso de las personas, de su edad, de su piel, de su ropa. Se evalúa el paso del tiempo en el cuerpo y lo que el paso de los días hace o no con él: ¡cómo estás de cambiado! O, dado el caso, ¡A ti no te pasan los años!

Al exponer los cuerpos ajenos a un juicio permanente y a una evaluación insaciable, fomentamos una insatisfacción transversal y un sesgo disconforme sobre la percepción de nuestra propia apariencia. Lo cierto es que la sentencia estética, desde el inicio del juicio, ya está consumada: todo cuerpo es mejorable, toda apariencia es perfectible. Ante el tribunal de la belleza, todos, en algún momento y bajo alguna circunstancia, seremos condenados como culpables.

Sigue leyendo

Por Andrés Restrepo Gil - restrepoandres20@hotmail.com

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD