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Por Esteban Velasco - opinion@elcolombiano.com.co

Las decisiones de compra, son decisiones políticas

hace 3 horas
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  • Las decisiones de compra, son decisiones políticas

Por Esteban Velasco - opinion@elcolombiano.com.co

En época de elecciones, me gusta recordar que, en el contexto del comportamiento del consumidor, todas las decisiones de compra son decisiones políticas. Compramos una marca porque nos sentimos identificados con ella, porque encontramos una afinidad específica o simplemente porque reconocemos un valor en un servicio o producto por el cual estamos dispuestos a pagar. Por el contrario, si no existe química política con esa marca o empresa, difícilmente habrá una decisión de compra, sin importar que los precios sean bajos o que la conveniencia sea adecuada.

¿Será que las start-ups tecnológicas y las pymes de nuestra región están invitando a sus consumidores a conectar con sus propósitos empresariales? Hay demasiado valor local esperando ser contado. Empresas que inspiran: desde una tienda de café, hasta una de energía solar; desde una compañía de confecciones hasta una de analítica de datos e inteligencia artificial.

Lo interesante es que, en un mundo cada vez más globalizado, el valor de lo local no ha disminuido; por el contrario, se ha vuelto más escaso y, por lo tanto, más valioso. Los consumidores pueden comprar casi cualquier producto en cualquier parte del planeta con unos pocos clics. Sin embargo, siguen buscando algo que ninguna plataforma global puede ofrecer fácilmente: sentido de pertenencia.

Las empresas que entienden esto dejan de competir únicamente por precio o funcionalidad. Empiezan a competir por significado. Construyen relaciones con las personas que viven en su ciudad, recorren las mismas calles, enfrentan desafíos similares y comparten aspiraciones comunes. Cuando una empresa logra convertirse en parte de la identidad de una comunidad, deja de ser simplemente un proveedor para convertirse en un actor relevante de la vida cotidiana.

En nuestras ciudades existen cientos de ejemplos silenciosos de este fenómeno. Empresas que generan empleo, apoyan causas, promueven oportunidades y tienen un propósito más allá de la rentabilidad. Ese valor rara vez aparece en los estados financieros, pero suele convertirse en una ventaja competitiva extraordinaria.

Las nuevas generaciones parecen entenderlo especialmente bien. Cada vez más consumidores quieren saber quién está detrás de una marca, cómo trata a sus empleados, qué impacto genera en su entorno y qué valores representa. La decisión de compra se ha transformado en una forma cotidiana de expresar preferencias y convicciones. De elegir. En otras palabras, las personas votan todos los días con su billetera.

Por eso, una invitación a los emprendedores y empresarios: no nos limitemos a vender. Expliquemos por qué existimos. Contémosle a la comunidad qué problema estamos buscando resolver y qué futuro queremos ayudar a construir. Hablemos de nuestro origen, de nuestros aprendizajes y de nuestro compromiso con el país.

Cuando una empresa logra conectar localmente con sus consumidores, deja de tener clientes y empieza a tener aliados y referenciadores. Y cuando una comunidad decide respaldar a sus empresas locales, el dinero circula más cerca de casa, se fortalece el tejido empresarial y se generan nuevas oportunidades para todos. Al final, comprar local no es solamente una transacción económica. Es una declaración de confianza en el futuro de la comunidad que compartimos. Compremos, -y votemos responsablemente- por quienes permitan que este círculo virtuoso de confianza se fortalezca.

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Por Esteban Velasco - opinion@elcolombiano.com.co

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