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Todo comienza en casa

hace 6 horas
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  • Todo comienza en casa

Por Fanny Wancier Karfinkiel - fannywancier7@gmail.com

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás, contexto donde se torna destructivo porque en realidad no hay nada que temer”. Mahatma Gandhi

Es tal la violencia circundante que la “damos por sentada”, normalización que Hannah Arendt ensayista política, filósofa y pensadora del siglo XX, analizó en los regímenes totalitarios donde se utiliza el modo corrompido de ejercer el poder en beneficio propio o para obstaculizar la democratización de los países.

No se ha encontrado una respuesta decisiva a la pregunta de si existe un punto crítico que desencadene el uso de la fuerza física y del poder. Podemos decir que hay individuos y grupos que cruzan el umbral y otros que no y, sin pretender justificar la violencia, que las apariencias engañan dado que quizá no se trate de dañar a los demás sino de abolir la frustración eliminando los obstáculos que interfieren en el camino de conseguir lo que se desea. En otras palabras, la derrota de la inteligencia debido a la baja tolerancia a la frustración y a no encontrar cómo gestionarla, podría conducir a medidas violentas. Los comportamientos crueles (de la familia cruentus -sangriento y por extensión crudo) son reveladores en este sentido.

Cruzar la barrera de la crueldad es difícil, aunque una vez traspasada el sufrimiento conmueve cada vez menos igual que con la primera mentira, deslealtad o adoctrinamiento donde se otorga luz verde para cruzarla y así ejercitar el mezquino poder de degradar al otro, descolocarlo, debilitarlo y, estableciendo una relación asimétrica de control e influencia, despojarlo de su humanidad (despersonalización) con el fin de eliminar los obstáculos que no dejan realizar lo que se ansía. Por tanto, lo que destruye es sentirse frustrado y no saber regular la conducta instintiva, no consultar las experiencias anteriores, no poder postergar la acción y no concebir que la frustración pueda transformarse en logros. Es relevante anotar que la ira y sus variantes: irritación, indignación, mal humor, insolencia y revancha son el combustible de la agresión que moviliza la acción aun cuando no siempre resulte dañina, por ejemplo, es raro no enfadarse con el abuso infantil.

¿Cómo dejar de culpar a los demás por los obstáculos que trae la propia incapacidad o los impedimentos “naturales” que existen? ¿Cómo obtener logros sin perjudicar a otros? ¿Cómo aceptar lo que no podemos cambiar?

Como medida preventiva es importante entender que la niñez es un período crítico para el desarrollo de trastornos mentales y emocionales que tarde o temprano pueden desembocar en acciones violentas. Enfadarse con los sentimientos de los niños incluso con los bebés cuando lloran, minimizarlos, reprimirlos o castigarlos en lugar de comprenderlos produce junto a la depresión de la madre niños ansiosos, deprimidos o agresivos que crecen sin saber manejar sus emociones. Con el fin de generar empatía y respeto, dos valores fundamentales para la convivencia humana, no pasemos por alto los comportamientos que producen miedo, culpa o vergüenza dentro del vínculo familiar. Todo comienza en casa.

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