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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 20 de marzo de 2021

Gestos

Un gesto todo lo transforma, en nombre de la memoria y como homenaje a ella, son la verdad y la restitución los únicos caminos posibles. En 1905 mientras pasaba sus vacaciones de verano en Litzlberg el artista Gustav Klimt pintó su obra Rosales debajo de los árboles, un lienzo que en 1911 fue adquirido por los coleccionistas austriacos Viktor y Paula Zuckerkandl que la legaron a su sobrina Nora Stiasny. La pintura, como tantas otras del artista, está realizada con pequeñas pinceladas que producen la sensación de un mosaico, ilustra unos frondosos árboles frente a los cuales podemos ver tres pequeños rosales con las flores malvas y rosas que contrastan con los verdes del fondo.

En agosto de 1938, después de la unión forzosa de Austria con la Alemania nazi, la señora Stiasny se vio obligada a vender la pintura a un precio mucho más bajo que el del mercado, ella y su madre serían deportadas luego a Polonia donde murió asesinada en 1942. Su esposo y su hijo también fueron víctimas del Holocausto.

Del cuadro y de la venta forzosa se perdió la pista. En 1980 el estado francés adquirió la pintura en una galería de Zurich para la colección de El Museo d’Orsay de París, que se reabrió seis años después, esta es la única obra maestra de este artista que posee Francia, la pintura forma parte de las colecciones nacionales y está protegida por ley por su carácter de inalienable. En junio de 2018 Austria le informó a Francia que a pesar de la escasez y la destrucción de las pruebas, el Klimt era una obra expoliada a esa familia vienesa antes de la Segunda Guerra Mundial.

Después de conversaciones y estudios, el año pasado se comprobó su origen, Laurence des Cars, presidente del museo, propuso entonces su devolución, será la primera vez que Francia realiza una restitución “ligada a una expoliación en un territorio extranjero, que se remonta a antes de la última guerra mundial”. Dice la noticia que publicaron diversos medios, que Roselyn Bachelot, ministra de Cultura de Francia, afirmó: “Es una decisión evidentemente difícil, pero justa. Supone sacar de la colección nacional una obra maestra ... Pero era una decisión necesaria, indispensable, es la realización de un acto de justicia”.

El Estado francés está dispuesto a cambiar las normas y presentar un proyecto de ley que permita que la pintura salga de las colecciones nacionales y sea devuelta a sus dueños. Según la ministra, su devolución será el “reconocimiento de los crímenes sufridos por las familias y la justa devolución de un bien que les pertenece”.

Mientras leo esta historia, en el país del realismo trágico nuestro Estado se levanta de la mesa incapaz de asumir que en el caso de Jineth Bedoya su aparente derrota es el triunfo de la dignidad. Por su parte Mancuso y Timochenko, dos protagonistas y antagonistas de nuestra historia de sangre, solicitan a la Comisión de la Verdad aceptar su responsabilidad y contar su verdad. Insisto: un gesto todo lo cambia, la verdad y la restitución digna son los únicos caminos posibles en nombre de la memoria, las víctimas y como homenaje a ellas

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