En el laboratorio sonoro del MAMM, que se halla en penumbra, tres hermosas máquinas de apariencia preindustrial, iluminadas como si fuesen actrices prestas a escenificar un duelo, se enfrentan entre sí, son casi idénticas, pero cada una emite unos sonidos diversos. El artista Leonel Vásquez ha construido una escultura sonora, que es a su vez un dispositivo que amplifica el dolor, una máquina que magnifica los lamentos de la comunidad Wayúu, los gritos de la tierra, las lágrimas de esos ojos de vida que son los jagüeyes, centro vital de la cultura, lugar donde nace o muere la vida. Que oigamos es el propósito de estos objetos, pero no solo el rumor o el murmullo del agua, sino sobre todo su llanto, el llanto que gota a gota o a borbotones se...