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Jon Fosse

Para llegar a la obra de quien este domingo 10 de diciembre dará su discurso y recibirá el premio, es necesario pensar en la fuerza de la poesía y del teatro.

08 de diciembre de 2023
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  • Jon Fosse

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

No sé cuántos lectores de esta columna conocían al ganador del Premio Nobel de Literatura 2023, el noruego Jon Fosse, yo no tenía ni idea de él. Así que cuando el portavoz de la Academia Sueca anunció quién era, tomé nota y lo puse en la lista de lecturas pendientes. Justo por esos días de octubre, en la cuenta de la red social X de los premios Nobel se preguntó al público si había leído al galardonado: más del 90% de los participantes aseguraban no haberlo hecho.

Curiosamente, la editorial española, De Conatus, una de las pocas que venía publicándolo en español desde 2018, sin mucha repercusión, había puesto en la cubierta de una edición de las obras de Jon Fosse que preparaba para navidad: “El eterno candidato al Nobel”. Pero el panorama cambió cuando aquel jueves 5 de octubre el mundo supo quién era el nuevo ganador y ahora la curiosidad y las grandes editoriales se unen a la fiesta. Lo cual está bien, porque como leí en su momento, cuando la prensa empezó a hablar de Fosse, de no ser por el Nobel, sus lectores seguirían siendo muy europeos porque su proyecto es muy literario, lo cual explica que haya sido tan poco masivo en nuestra lengua y por estas latitudes. En sus libros importa más la forma que el argumento. Probablemente leerlos en voz alta tenga más sentido que una lectura silenciosa. Lo suyo tiene más que ver con la musicalidad y el ritmo, por no decir que no podemos pasar de largo su pasado como músico aficionado. Así que para llegar a la obra de quien este domingo 10 de diciembre dará su discurso y recibirá el premio, es necesario pensar en la fuerza de la poesía y del teatro.

Y eso lo comprobé cuando me di a la tarea de leerme dos obras de él en las últimas semanas: “Blancura” y “Melancolía”. De la primera debo decir que es un cuento largo que me hizo sentir algo extraño, un vacío y una tranquilidad, una angustia y un consuelo, mientras intenté comprender si lo que percibe el protagonista es real, quién carajos es, de dónde viene tanta soledad o, si en medio de la inmensidad y la belleza de un bosque, en los inicios del invierno, alguien puede sentirse encerrado. Las preguntas de esta novela aún están en mí de la misma manera que la misteriosa luminosa criatura.

A “Melancolía”, confieso, me costó entrar. La voz del pintor Lars Hertervig, los lamentos de este pintor paisajista, las repeticiones: “estoy echado en la cama, vestido con mi traje de terciopelo lila, mi fino y elegante traje, y no quiero ver a Hans Gude...” o cualquier otra situación que no solo pasa, sino que vuelve y vuelve en la cabeza del protagonista me molestaban mucho al principio, luego comprendí, creo yo, cuando apacigüé esa impaciencia, que ahí está su verdadera profundidad narrativa, que en esa medida, poco a poco, me iba metiendo en la complejidad y en la perturbación de la mente del protagonista.

No sé que tanto se vaya a leer a Jon Fosse en Colombia, a pesar del ímpetu editorial que tendrá por un tiempo, lo que sí sé es que en momentos agitados como los nuestros, una literatura así vale la pena, pero hay que dedicarle tiempo y tener una disposición especial para conectarse con la musicalidad, con la soledad y con la fuerza espiritual que uno percibe en sus páginas

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