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El problema es que el rigor técnico no es siempre tenido en cuenta por la sociedad.
Por Jorge Andrés Rico - andresricocp@gmail.com
El escenario electoral presidencial para Colombia conecta con aspectos fundamentales del contexto, como lo ocurrido con el régimen de Maduro y con los movimientos de favorabilidad por parte de los candidatos, que si bien, en el caso de las encuestas, no son un factor determinante, el ecosistema electoral sí va estableciendo algunas características que posibilitan revisarse desde ahora como posibles núcleos de definidos para las elecciones del próximo presidente.
En la encuesta de AtlasIntel en donde se mostró ganador a Abelardo de la Espriella por encima de Iván Cepeda, hay factores interesantes, teniendo en cuenta la reputación de la encuestadora que tuvo mediciones electorales acertadas para EE. UU. 2020 y 2024, en elecciones presidenciales de Argentina y Chile, y más allá de los posibles resultados contrarios a la encuesta, debido a que la opinión pública es maleable y el contexto es volátil en la región, lo cual significa que es difícil aún establecer un candidato definitivo a ganar.
Considero importante establecer algunas propuestas de análisis electoral. Primero, aparece fuerte en el escenario electoral un candidato que por primera vez es opción presidencial, evidenciándose como expectativa opuesta al gobierno actual y como un personaje que se articula al discurso outsider (quien dice que no proviene de la política tradicional), en donde él indica que no necesita de la política para vivir. Es un tono de empresario mezclado con lo políticamente incorrecto (no enfocarse en lo que la masa quiere escuchar y bajo características asociadas como “buenas”, primando el sentido —para él— de sinceridad), lo cual, en estos tiempos, es tomado por el electorado como positivo.
Segundo, en cualquier escenario, el sector político que se muestra relativamente o muy opuesto al gobierno gana. En el caso de la Espriella vs. Cepeda, el primero gana, pero, debe verse esto con cautela, porque, hay votos duros del petrismo (sectores jóvenes y grupos radicales que votan por odio a lo que denominan derecha, no a favor necesariamente de Petro). Y hay otros votos cooptados del crimen y de dádivas desde sectores que mueven fichas y mermelada directa desde el gobierno.
Tercero, en caso de segunda vuelta entre Sergio Fajardo vs. Cepeda, en el debido proceso de la democracia, considero que Fajardo ganaría porque el votante a favor de la Espriella y de los demás candidatos de oposición al gobierno preferiría a Fajardo sin necesariamente sentir que es mejor opción. No votarían por Fajardo, sino contra de Petro y su continuidad con Cepeda.
Un cuarto aspecto, es que, si se suman los votos o porcentajes de votantes de Paloma Valencia y Juan Carlos Pinzón, seguro se van para de la Espriella. El reto de Paloma, quien agrupa los intereses del Centro Democrático, es ganar la consulta y pensar en pasar a segunda vuelta, teniendo en cuenta que es la candidata con posiblemente más perspectiva de crecimiento electoral. Para Paloma es una oportunidad, porque su trabajo de estos meses puede llevarla a un escenario mucho mejor, con el apoyo del expresidente Uribe y porque es coherente y de ejercicio político juicioso. El problema es que, en lo contemporáneo, el rigor técnico no es siempre tenido en cuenta por la sociedad, dando más valor al show, el espectáculo o a mensajes emocionales (que no son lo mismo en comunicación política que espectáculo y show), que sí maneja mejor de la Espriella.
Por último, sectores de jóvenes siguen creyendo en este gobierno, siendo responsables de votar, en muchos casos sin rigor y fundamento. Más afines a populismos y narrativas volátiles como la de Cepeda y obedeciendo a lógicas pseudorevolucionarias (sin pensamiento crítico), infundadas por el gobierno.