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Hoy en día se sabe que no hay razas puras sino ideologizadas, pues no hay lugar de la tierra donde no se hayan invadido unos a otros.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Latinoamérica (también Iberoamérica), a la que llegan gentes desde el río Grande hasta el estrecho de Hornos (luego del fuego y al fin de Magallanes), acompañadas de sus sombreros y ponchos de colores, de sus maneras de pronunciar el castellano (en el gobierno de Franco nombrado el español) y mezclarlo con lenguas nativas (náhuatl, quechua, guaraní), africanas como el usado por los santeros y en Argentina con italianismos diversos, sin contar con las lenguas de frontera como el portuñol y el spanglish, o de puerto como el lunfardo. Y esta gente, de diversos tamaños y variadas culinarias, genealogías sospechosas y genes productores de mulatos y mestizos, de cuarterones y moriscos (los que ya eran casi españoles y podían casarse con criollos), los unos de ojos grandes y otros de mirar rasgado, de nalgas redondas (las del Caribe) y las más derechas o caídas, celebra este 12 de octubre el día de la raza, llamado también el del descubrimiento, el encuentro de dos mundos, el de la invasión y la lista sigue según se quiera tener réditos políticos y a un rey que pose de que sigue gobernando y se vea muy bien como turista, salvo en Brasil, donde a Pedro II lo absorbió la macumba y hubo independencia sin necesidad de un solo tiro.
Definir racialmente a un latinoamericano es cosa difícil, pues los mismos españoles que llegaron y con suerte algunos adquirieron la condición de muy caribe está (lograron india rica que los mantuviera), ya venían africanizados. Nueve siglos de moros en España y Portugal poblaron con su sangre más de la mitad de la península e impusieron costumbres sociales, sincretismos y formas de salir de la pobreza con golpes de suerte (mulas, cartas y oro). Así que llegar a tierras nuevas y mezclarse con aborígenes y esclavos fue algo simple para los que siguieron a Colón, que además era sefaradí marrano.
Ya luego llegarían árabes y conversos judíos (don Jorge amado escribe el libro de Cuando los turcos descubrieron América), japoneses siguiendo la novela María de Jorge Isaacs, ingleses y alemanes mineros, italianos zapateros y franceses, muchos de ellos pasando primero por la isla del diablo, que queda en la Guyana, donde también hay mucha gente de la India; sin dejar de lado a los españoles tardíos, gallegos la mayoría, que se instalaron en Cuba y Venezuela, Y la lista sigue con rusos, polacos, irlandeses, austriacos y mujeres nórdicas que se trajeron para el proceso de blanqueamiento. Total, de raza latinoamericana más bien hay un inventario de tipos humanos mezclados y una forma de pegarse a Europa a través de un hilo que es más una cuerda floja.
Acotación: hoy en día se sabe que no hay razas puras sino ideologizadas, pues no hay lugar de la tierra donde no se hayan invadido unos a otros mezclando sangres y mejorando el sistema inmunológico.