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Sobre las guerras mediáticas

hace 8 horas
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  • Sobre las guerras mediáticas

Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Especulación, a la que llegan los que creen que una guerra tiene la duración de una película, los que no saben de geografía ni los elementos que la componen y consideran que todo (barcos, aviones, caballería mecanizada, tropas de asalto) llega al sitio de ataque como si se tratara de solo abrir una puerta, los que desconocen de historia y confunden efectos con causas, los que resuelven la estrategia como movimientos y no como resolución de problemas, los que hacen más catarsis de sus problemas personales que analizando los hechos, los que todavía suponen que hay súper héroes y solo esperan a que aparezcan y sean premiados con una muchacha de buen tamaño, los que nunca han leído una novela que denuncie la guerra (Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer; Vida y destino de Vasili Grossman) y muestre todas las variantes que suceden en ella, los que no entienden que una guerra se paga y entonces el vencedor saquea recursos para sanear su contabilidad, los que creen que Napoleón Bonaparte se movía sobre Clavileño, ese caballo volador de madera con clavija en la cabeza que Cervantes se inventa en el Quijote para que Sancho sueñe. En fin, las guerras están ahí, pero hay que verlas y no inventarlas.

Analizar una guerra en caliente requiere de mucho conocimiento y objetividad para no caer en la propaganda, la mentira y los prejuicios. Y, aun así, se falla en el análisis debido a las variables que aparecen de repente. Por eso hay que esperar a que termine, a que los historiadores escriban sobre lo que pasó y no obvien lo del uno y exageren lo del otro, cosa que pasa a menudo con los historiadores oficiales. Los hay que magnifican al vencedor y le perdonan las cosas horribles que hizo. Claro que también aparecen los que trabajan con lo bueno y lo malo (El combate moral, de Michael Burleigh), los intereses económicos y las desviaciones políticas. Y con ellos cualquier guerra es un infierno y un proceso acelerado de deshumanización.

Ahora, toda guerra es un asunto de Lebensraum (espacio vital al que Eduardo Galeano llama robo) y mas ahora cuando los recursos naturales de las grandes potencias escasean y los necesitan con urgencia para poder competir, anexando a esto la industria armamentística que ponen en movimiento para generar empleo y lograr grandes réditos, pues cada vez que aparece un arma nueva esta entra en el mercado y los negocios abundan. Y bueno, nada de esto se toca en los análisis mediáticos, que pareciera que soñaran con guerras deseadas y no con lo que pasa en geopolítica, movilidad, abastecimiento y estado mental. Además de bombazos, claro.

Acotación: Las guerras nos agotan y vuelven peores, pero más la insistencia en ellas, las mentiras que abundan, los intereses que esconden y el afán de mantener el miedo activo. Y así estamos.

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