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Sobre países de palabras

hace 6 horas
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Promesas, a la que llegan los que no acreditan construcciones sino discursos viejos, los que cargan teorías y no hechos palpables que se puedan ejecutar con lo que hay, los que quieren cambiarlo todo a punta de especulaciones fantasiosas, los que se salen por los lados para no ser confrontados en lo importante, los que creen que su postura sirve para todo (como el bálsamo de Fierabrás) y ese es su ideario permanente, los que no entran en el debate sino en las acusaciones (lo que destruye todo diálogo), los que no muestran nada pero dicen que van a mostrar (parecen magos buscando sombreros perdidos), los que se consideran un milagro sin demostrar en qué consiste lo milagroso, los que asumen que la razón en una emoción y no un principio para crear lo necesario, los que creen que el mundo comienza con ellos y desconocen todo o anterior, los que alimentan sustos y los alientan con lo que sea. Y esta gente, abundante en palabrería, aumenta prometiendo modelos fracasados, alianzas que después se desvanecen, soluciones a los apocalipsis repetidos etc. Y para esto, como si no hubiera memoria, se muestran como libres de los errores que ellos cometieron antes. Y ahí van, como el flautista de Hamelin. Lo de los ratones queda ajuicio del lector.

En estos momentos, cuando deberíamos pensar en frío para evaluar lo que hay, sostener lo que sirve y corregir el resto, muchos dirigentes de países y candidatos a gobernar se han dado a la tarea de soltar palabras que no muestran lo real sino deseos (desmesuras, propaganda, noticias falsas) y se juega con los resultados como sí lo político hiciera parte de una ruleta trucada (recuerdo la de la película Casablanca). Y en esta palabrería (especie de realismo mágico), un discurso tapa al otro, los acontecimientos reales que afectan se censuran y las agendas van de un lado al otro (como moscas a las que les cae un puño encima) evitando ver lo que pasa y haciendo creer lo que no es.

Un país no son las palabras que se dicen sino las realidades que contiene, unas malas, otras buenas, muchas en veremos. Y si hay hechos, que los hay y bastantes, lo que se dice debe dirigirse a ellos para clasificarlos, situarlos y relacionarlos. Los buenos para continuarlos, los enfermos para aliviarlos y los no bien entendidos para entenderlos. Para esto son los planes de gobierno (educación, productividad, planeación limpia, uso racional de recursos, empleo que permita vivir y pagar impuestos debidos etc.). Pero hay más palabras que experiencia, más desorden que orden, más confusión que país real. ¿Qué han hecho los dirigentes y candidatos? ¿Cuáles son sus construcciones? ¿Meras palabras?

Acotación: Confucio dice: solo debemos hablar de lo que hemos construido, pues lo que hemos hecho nos respalda y puede crecer más. Lo que haremos, en cambio, no tiene más base que el deseo.

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