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Cada día valoro más el impacto que tienen las empresas de todos los tamaños en la creación de valor para toda la sociedad. Vale la pena asumir su cuidado como un gran honor, una importante responsabilidad y un riesgo que vale la pena correr.
Por Josefina Agudelo Trujillo - opinion@elcolombiano.com.co
La primera vez que me invitaron a ser parte de una junta directiva diferente a la empresa de mis padres me sorprendí. Por supuesto acepté sin dudarlo y pensé para mis adentros: ¿qué vieron en mí que yo aún no veo? ¿Experiencia? Tengo pocos años. El sector no lo conozco. ¿Entonces cuál es el talento que el fundador de esa gran empresa multilatina vio en mí que le generó confianza para invitarme a ser parte de su equipo de consejeros?
Me resistía a creer que solo fuera por su amistad con mi padre. Intuí que logró ver algún potencial y me abrió el espacio para desarrollarlo.
Inicié con humildad un proceso de autodesarrollo que me pusiera a la altura del desafío, acompañé a esa bonita empresa por varios años y adquirí experiencia en el mundo corporativo.
Desde entonces he tenido el honor de ser invitada a integrar juntas directivas de empresas y corporaciones en diversos sectores.
Con el paso de los años comprendí que la formación como administradora de negocios, la experiencia en el mundo de la logística y mi voraz apetito por aprender fueron los motores para impulsar mi desarrollo profesional hacia la alta dirección.
Pero, sobre todo, descubrí mi vocación como “cuidadora de empresas”. Es gratificante participar en el diseño y ejecución de estrategias para verlas crecer, ganar, sobrevivir y reinventarse; a la vez es frustrante y doloroso cuando los planes de negocio no salen como se esperaba y en ocasiones hay que tomar decisiones drásticas como el cierre de operaciones.
Sin duda, ser consejero o miembro de una junta, además de un gran honor es una gran responsabilidad y un riesgo.
En Colombia, el deber fiduciario de un consejero es simple de enunciar y exigente de cumplir: actuar en interés de la sociedad, con buena fe, lealtad y la diligencia de un buen hombre (o mujer) de negocios; informarse, vigilar, gestionar conflictos de interés y proteger la información. Puede llegar a responder solidariamente con su patrimonio por los perjuicios causados por dolo o culpa a la sociedad.
Para las empresas y corporaciones, de cualquier tamaño, es fundamental contar con el apoyo de buenos consejeros y/o miembros de junta directiva; son personas con experiencia que observan y guían el desempeño organizacional con diligencia, lealtad e independencia; su remuneración suele ser por honorarios (una inversión en mi concepto) y en muchos casos trabajan ad honorem como una forma de contribuir a la generación de valor social.
Cada día valoro más el impacto que tienen las empresas de todos los tamaños en la creación de valor para toda la sociedad. Vale la pena asumir su cuidado como un gran honor, una importante responsabilidad y un riesgo que vale la pena correr.