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Por Juan Carlos Zuleta Acevedo - opinion@elcolombiano.com.co

¡Guapea, Willie Colón!

hace 1 hora
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  • ¡Guapea, Willie Colón!
  • ¡Guapea, Willie Colón!

Por Juan Carlos Zuleta Acevedo - opinion@elcolombiano.com.co

La muerte de Willie Colón no es solo la partida de un músico. Es el cierre simbólico de una época en la que la salsa dura se convirtió en identidad. Fue el sonido de un trombón que marcó generaciones enteras, que acompañó migraciones, desarraigos, celebraciones y desengaños.

No era el mejor cantante ni el músico más virtuoso en términos técnicos, pero era un gran director de orquesta que supo leer su tiempo. Entendió el Nueva York de los inmigrantes latinos, la tensión entre el sueño americano y la realidad del Bronx, la necesidad de pertenecer a algo. Comprendió que no hacía falta perfección académica, hacía falta carácter. Hacía falta un sonido fuerte, y se atrevió a crearlo y a imponerlo.

Su trombón no era suave. Era áspero. Sonaba como la vida misma en el barrio: intensa, desordenada, pero llena de energía. No buscó sonar bonito; buscó sonar auténtico para representar a los suyos. En sus arreglos estaba el sello de la salsa dura: contundente.

Con Héctor Lavoe construyó una de las duplas más poderosas de la música latina. Juntos retrataron la calle, la fiesta, la caída y el desamor. Era una conexión profunda con un público que se veía reflejado en esas historias cantadas con crudeza. Más adelante, con Rubén Blades, la salsa tomó un rumbo distinto. La música se volvió crónica, reflexión, comentario social, manteniendo la contundencia mientras abría espacio a letras más narrativas y complejas.

“El gran varón” merece un capítulo aparte. No fue simplemente un éxito radial. Fue una historia sobre identidad, rechazo y tragedia que dejó una frase poderosa: “no se puede corregir a la naturaleza”. Esa línea fue un golpe a la hipocresía social del momento y una invitación a aceptar la realidad tal como es, aunque incomode.

“Talento de televisión” tampoco fue solo una canción pegajosa. Fue el retrato de una sociedad superficial que premia la apariencia y castiga el esfuerzo. “No tiene talento pero es muy buena moza”, canta con ironía. Y la frase, lejos de envejecer, parece describir mejor que nunca nuestra época de likes, pantallas y fama instantánea. Detrás del ritmo pegajoso hay una crítica directa a la obsesión por la fama sin mérito.

El Malo del Bronx entendió algo esencial: la música no se impone por técnica, sino por conexión. No suavizó su estilo. No diluyó su identidad para vender más. No maquilló el barrio; lo puso en el centro del escenario. El barrio es familia, alegría, fiesta, apoyo, sentido de comunidad, identidad, protección. Es la vecina que cuida a los niños, la música que sale por las ventanas, la esquina como punto de encuentro, la solidaridad espontánea. Pero también es escasez diaria, violencia doméstica, discriminación, ausencia de oportunidades, vicios, pobreza, injusticia, ilegalidad. Es la lucha eterna por vivir con un mínimo de dignidad. Colón no embelleció esa realidad. La dejó sonar como era. Y esa fue su marca distintiva: la autenticidad.

Hoy, cuando vuelvan a sonar “Idilio” o “Gitana”, no serán solo canciones, serán recuerdos. Serán abrazos en una fiesta, serán lágrimas en una despedida, serán declaraciones de amor, serán historias personales que se mezclan con su trombón. Willie Colón no dejó solo música; dejó un legado.

¡Guapea, Willie Colón!

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Por Juan Carlos Zuleta Acevedo - opinion@elcolombiano.com.co

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