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Cuidar la opinión pública

Toca pensar mucho sobre la calidad de quienes construyen opinión pública y a dónde deben ir los votos.

hace 3 horas
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  • Cuidar la opinión pública

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

La responsabilidad de los líderes de opinión serios y criteriosos es fundamental para asegurar un debate público adecuado. Con las elecciones a la vuelta de la esquina y mucho en juego, no es sensato permitir que las opiniones infundadas dominen el ambiente y se tomen el poder.

Para nadie es un secreto que el gobierno y sus simpatizantes han desarrollado narrativas que anulan a los otros. Durante la campaña presidencial de hace cuatro años se propusieron correr la línea ética y una de las formas de lucha para lograrlo fue la creación de narrativas dicotómicas e identitarias, donde vale más la anulación del otro que el diálogo sensato y coherente. Eso tira al traste cualquier análisis sesudo y da lugar a una toxicidad que desestima el sentido común, el disenso y la búsqueda de consenso.

Eso es lo que ha pasado haciendo que la opinión pública pierda su capacidad de crear en las personas criterios válidos. El problema es el reduccionismo efectista, tóxico y amañado con el que ciertos personajes buscan influir en el otro. Lo hacen apelando a las emociones y a la descalificación, con el agravante de que todo lo que hacen se potencia con el poder de los algoritmos, los mejores amigos para crear en las personas patrones de comportamiento vinculados al miedo, la ira, la degradación de la condición humana y, sobre todo, al odio.

Por eso, la opinión pública está llena de sesgos cognitivos, especialmente el de confirmación (si lo dice ese personaje es porque así es), y el de autoridad (aceptar sin confirmar lo que están diciendo). Estos sesgos refuerzan ideologías impuestas, potencian las cámaras de eco, dificultando el diálogo y el pensamiento crítico. Ahí es donde las personas terminan creyéndose el cuento de que esa es la única opinión válida y que todos los demás están equivocados. El debate público, entonces, pierde cualquier criterio y no otorga margen de maniobra para pensar. De una para el extremo ideológico donde se construyen los fanatismos y odios, cosa que al final no es más que polarización.

Tristemente, la opinión pública está cooptada por esa dinámica, especialmente en medios digitales, donde hay muchos ideologizados que la mueven para hacerle juego a un gobierno que incluso les paga para crear esas cámaras de eco. Tenga presente nombres como Walter Rodríguez (Wally), Laura Daniela Beltrán (Smile Lalis) y Daniel Monroy. Personajes como estos tienen un nivel de conversación digital con agenda personal. Además, en sus informaciones prevalecen la presión por viralidad y las escasas garantías de verificación. Son personajes que, como opinadores públicos, nunca mostrarán que hay otra forma de ver las cosas y menos van a rectificar si queda en evidencia el sesgo de sus narrativas. Noticia: estos personajes están en la lista al Congreso del Pacto Histórico. Toca pensar mucho sobre la calidad de quienes construyen opinión pública y a dónde deben ir los votos.

Hace poco leí en una columna de opinión: “La democracia no sobrevivirá si permitimos que el algoritmo reemplace a la deliberación racional”. La frase pone una carga de responsabilidad a quienes tienen un verdadero nombre en la opinión pública por su criterio. Quizás sea mucho pedir, pero ¿qué más hacemos, pues? La opinión pública, desde un ejercicio responsable, está llamada a sacar a la confianza del fondo de la cloaca a la que estos personajes la tiraron.

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