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Tensión permanente

Esta creciente tensión, innecesaria, por cierto, lleva a la pérdida del justo medio de los gobernantes, fomentando la idea destructiva de que el más fuerte es quien impone sus ideas y decisiones.

02 de abril de 2024
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  • Tensión permanente
  • Tensión permanente

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Hace unos días, conversaba con unos amigos sobre la situación del país. Naturalmente, el diálogo se centró en el ambiente tenso que se vive en Colombia, especialmente por las posturas militantes que está adoptando el presidente Gustavo Petro, lo cual tiene a miles de personas preocupadas y llenas de incertidumbre.

“¡Qué pereza!” Con esa contundencia, uno de los presentes terminó la conversación. Su afirmación no fue reduccionista. Al contrario, estaba justificada por el agotamiento físico y mental que le causa cada salida en falso del presidente.

Minutos antes, el tema había sido el enfoque obstinado de Petro en una nueva Constitución para Colombia, una salida con visos de desesperación, motivada por la falta de gobernabilidad y el rechazo al cartapacio de sus reformas que no cuajan.

Entonces, los intereses personales empiezan a prevalecer y en Petro eso sí que se nota. Basta con observar su actitud para entender que está construyendo su figura presidencial en primera persona. Sus declaraciones tipo “no me están dejando gobernar”, o las actitudes bajo la lógica de la estigmatización generalizada a quienes no piensen como él, ya dicen mucho. Cuando hay expresiones de esas, que lo único que hacen es dividir y polarizar, queda claro que los intereses particulares tienen prioridad por encima del bienestar colectivo.

Lo de la constituyente es una salida acomodaticia que no se comprende, pero sí despierta todas las sensaciones del autoritarismo. Algo similar pasa con la “ridícula vaca” que están haciendo en Antioquia para recaudar fondos y completar el dinero que falta para terminar la construcción del túnel del Toyo. Digo “ridícula vaca”, porque en la lógica del mundo que rodea al presidente esa es la forma de minimizar el valor que tiene para la cultura antioqueña, que se resume en la fuerza histórica de unirse para construir lo público.

La finalización de la vía al mar para los paisas tiene un gran valor, tanto técnico como simbólico. Técnicamente, implica superar la desconexión histórica entre el centro del país y Urabá, una región rica en recursos y clave como salida de Colombia al mundo. Competitividad, así de simple.

Simbólicamente, la “vaca” representa la lucha contra esa retaliación subrepticia hacia una región que no respondió electoralmente al presidente y se expresa en su negativa a entregar los $650.000 millones comprometidos por el Gobierno Nacional bajo la figura de vigencias futuras para terminar la obra. Dignidad, así de simple.

Esta creciente tensión, innecesaria, por cierto, lleva a la pérdida del justo medio de los gobernantes, fomentando la idea destructiva de que el más fuerte es quien impone sus ideas y decisiones. Por eso, la frase del presidente de la Andi, Bruce Mac Master, es muy oportuna: “Parecería que estuviéramos abandonando el presente por disputar el poder del futuro, y eso para un país puede ser el peor error de su historia”. Esa es la lógica de Petro contra el mundo, una lógica que recuerda al mito de Kronos, que se comió a sus hijos por miedo a que uno de ellos lo destronara.

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