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Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

Turismo: el negocio más grande que Colombia subestima

El turismo puede convertirse en una de las principales fuentes de divisas del país.

hace 55 minutos
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  • Turismo: el negocio más grande que Colombia subestima

Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

Voy a decirlo sin anestesia: Colombia no tiene un problema de potencial. Tiene un problema de enfoque. Somos uno de los países más biodiversos. Dos océanos. Tres cordilleras. Amazonía. Caribe. Pacífico. Cultura vibrante. Gastronomía en evolución. Talento creativo. Ubicación estratégica entre Norte y Suramérica.

Aun así, en 2024 generamos cerca de USD 3.2 mil millones en divisas por turismo internacional, con aproximadamente 4.5 millones de visitantes. No es coherente con lo que somos.

República Dominicana —con menos territorio y menos biodiversidad— supera los USD 10 mil millones. México está por encima de USD 30 mil millones. Turquía convirtió el turismo médico en una industria multimillonaria. Emiratos Árabes entendió que el lujo no es geografía, es decisión.

Colombia tiene awareness global. El mundo sabe que existimos. Pero no nos asocia con sofisticación, bienestar o lujo natural. Nos recuerda por historia. No por nuestra propuesta de valor. Ese es el diagnóstico real: awareness sin reputación. Y esa brecha no se cierra con slogans. Se cierra con estrategia.

El error estructural ha sido pensar el turismo como sector, no como política económica. Discutimos presupuestos de promoción mientras ignoramos arquitectura de largo plazo. Multiplicamos agendas locales mientras carecemos de narrativa nacional. Competimos entre ciudades en lugar de como país. Seguimos midiendo éxito por número de turistas, deberíamos medirlo por ingreso por turista.

Más volumen no es crecimiento sostenible. Más valor sí lo es. Un viajero que gasta USD 4.000 en diez noches genera varias veces más impacto económico que el promedio actual. Eleva estándares, profesionaliza servicios, dinamiza cadenas productivas y exige calidad ambiental. Es el visitante que transforma economías regionales.

Si Colombia jugara en serio, estructuraría su estrategia sobre cinco frentes: Naturaleza premium de bajo volumen y alto valor en Amazonía, Sierra Nevada, Pacífico, Orinoquía, eje cafetero o en un bosque nativo de los Andes a una hora de un aeropuerto internacional en Antioquia.

Wellness con respaldo científico, biodiversidad real y certificaciones internacionales.

Turismo médico con estándares globales y procesos migratorios ágiles.

MICE de alto nivel posicionando Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena como hubs regionales.

Gastronomía y cultura como experiencia sofisticada, no como accesorio.

Esto requiere continuidad. Un Plan Decenal aprobado como política de Estado. Que no se fragmente en agendas gremiales o municipales.

También pensar conectividad como sistema. Múltiples hubs aéreos con roles definidos. Incentivos reales para estadías de 48–72 horas, como hizo Panamá. Integración entre aerolíneas, hoteles y oferta experiencial. Y requiere atraer capital internacional de alto estándar. Si marcas como Aman o Six Senses operan en destinos con menos biodiversidad, la pregunta no es si podemos traerlas. Es si diseñamos el entorno regulatorio y de concesión correcto para hacerlo posible. Finalmente, está el capital humano. Sin formación de clase mundial no hay turismo de alto valor. Necesitamos escuelas de hospitalidad serias, bilingüismo masivo en zonas estratégicas y certificaciones internacionales. El turismo puede convertirse en una de las principales fuentes de divisas del país junto con hidrocarburos, construcción y agroindustria. Con una ventaja estructural: no depende de extraer, sino de preservar y sofisticar.

Colombia no necesita que el mundo la descubra. Ya nos conocen. Lo que necesitamos es que nos entiendan distinto. Y eso no es un reto de marketing. Es un reto de liderazgo y ejecución.

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Por Juan José Aramburo De Bedout - opinión@elcolombiano.com.co

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