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Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinion@elcolombiano.com.co

Miguel, tu legado es eterno

Va siendo hora de abrir el debate sobre la responsabilidad política en medio de este clima de odio.

hace 4 horas
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  • Miguel, tu legado es eterno

Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinion@elcolombiano.com.co

Han pasado siete meses desde el asesinato de Miguel Uribe Turbay.

Siete meses desde que la violencia volvió a hacer lo que mejor sabe: arrebatarnos una vida y, con ella, una esperanza de país.

Yo nací en 2007, en una Colombia que empezaba a respirar distinto. Crecí creyendo que los magnicidios eran cosa del pasado, que los nombres de quienes habían caído estaban destinados a los libros de historia y no a las noticias de última hora. Crecí pensando que a mi generación no le tocaría vivir eso.

Pero nos tocó.

Miguel no era solo un político. Era un padre, un amigo, un colombiano que decidió creer en este país incluso cuando la violencia había marcado su propia historia desde niño. A los cuatro años perdió a su madre, víctima del narcotráfico. Y aun así eligió el camino más difícil: hacer política sin odio, apostarle a un país distinto.

Por eso duele tanto. Porque no mataron solo a un hombre. Mataron una forma de hacer política. Mataron una posibilidad.

En mi familia, como en tantas otras familias de este país la violencia no es un concepto abstracto. Es un recuerdo. Es una herida. Es desplazamiento, secuestro, miedo. Hace dos años regresé con mi abuela a lo que fue su casa. En la fachada todavía quedaba una marca: “AUC”. No era solo pintura. Era la prueba de que la violencia deja rastros que el tiempo no borra.

Y hoy, siete meses después, esa misma violencia vuelve a mirarnos de frente.

Nos dijeron que no volvería a pasar. Que Colombia había cambiado. Que habíamos aprendido. Pero el asesinato de Miguel rompió esa ilusión. Nos devolvió a una realidad que creíamos superada: en este país, pensar distinto todavía puede costar la vida.

Por eso esta no es solo una columna de memoria. Es también una incomodidad.

Va siendo hora de abrir el debate sobre la responsabilidad política en medio de este clima de odio. Presidente Gustavo Petro: el lenguaje importa. Las palabras no son inocentes. Cuando el discurso convierte al contradictor en enemigo, cuando se siembra división desde el poder, las consecuencias terminan siendo reales.

El lenguaje del odio y la violencia mata.

Siete meses después, ya sabemos más sobre los responsables materiales. Pero el problema no se agota ahí. Porque cuando un país permite que el odio se normalice, la violencia deja de ser una excepción y empieza a convertirse en consecuencia.

No podemos aceptar eso. No podemos acostumbrarnos.

Me duele Miguel. Me duele lo que su ausencia dice de nosotros como país. Pero más me dolería que su muerte no significara nada.

Aquí estamos. Una generación que no quiere heredar esta guerra. Una generación que se niega a aceptar que la política se siga escribiendo con sangre.

Que recordar a Miguel no sea un acto vacío.

Que sea una advertencia.

Y, sobre todo, una decisión.

Porque un país sin violencia no es una promesa lejana.

Es una responsabilidad urgente.

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Por Juan Manuel Cifuentes Hernández - opinion@elcolombiano.com.co

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