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El país que soñamos, del reclamo al compromiso

hace 2 horas
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  • El país que soñamos, del reclamo al compromiso

Por Juan Manuel Del Corral - opinion@elcolombiano.com.co

Colombia es un país que sabe reclamar y muchas veces, con razón. Reclamamos justicia, oportunidades, seguridad, respeto, futuro. Reclamamos al Estado, a la política, a las élites, a las instituciones. Reclamamos porque duele lo que no funciona, duelen los abusos de corrupción y porque reclamar es legítimo. Pero hay una pregunta que casi no nos hacemos, ¿qué le pasa a una comunidad cuando se queda únicamente en el reclamo, en la queja?

La responsabilidad siempre encuentra un quien. Un alguien a quien señalar y culpar. Un alguien a quien responsabilizar por determinada falla, y de esta forma, las personas se van resignando. Reclamar es necesario pero no es suficiente, no es la solución.

Un país no se construye solo con inconformidad, ni siquiera desde la indignación; se construye cuando una inconformidad se transforma en compromiso y el compromiso en acciones concretas. Es un asunto de actitud.

Hoy abundan opiniones, consignas, ataques y promesas, pero es escasa la disposición a comprometerse; no se trata de remplazar instituciones ni renegar de los políticos. Se trata de no resignarse. Hay que asumir que el país depende de mi participación y de la de cada uno.

Depende de cómo trabajo, de cómo cumplo, de cómo trato al otro, de cómo participo, de cómo respondo, de cómo cuido lo que es de todos, de cómo ejerzo cualquier forma de poder.

Cuando hablamos del país que soñamos, no es un proyecto que le diga a la gente qué pensar; hablamos de un llamado a que cada quien se pregunte qué está dispuesto a aportar como solución, ningún país es mejor sin buen comportamiento de sus ciudadanos. Podemos exigir integridad, pero si normalizamos el atajo, la trampa pequeña o la indiferencia, el reclamo carece de sentido. Podemos exigir justicia, pero si aceptamos el maltrato, la violencia o la exclusión, perdemos coherencia. Podemos exigir un mejor Estado, pero si abandonamos lo público, si no participamos, si no cuidamos, si no exigimos con argumentos, dejamos el país en manos de otros... y luego nos sorprenderemos con el resultado.

Pasar del reclamo al compromiso no es ideología. Es decisión que nace de la conciencia. Es dejar de hablar del país como si fuera problema ajeno y vivirlo como responsabilidad propia. No basta con denunciar, hay que involucrarse, no solo indignarse; hay que construir país con acciones diarias. Un país no se transforma cuando cambian los discursos, se transforma cuando cambia su forma de actuar. Cuando cumplir vuelve a ser normal; cuando cuidar y defender lo público vuelve a ser natural. Cuando participar y actuar deja de ser la excepción.

Quizás uno de los mayores problemas que tenemos hoy es creer que no podemos hacer nada distinto a opinar, criticar o “aguantar con resignación”. Y eso no es verdad. Cada ciudadano tiene más poder del que se imagina. Tiene el poder del ejemplo, del diálogo y de las ideas. A veces no calculamos el nivel de influencia que podemos tener en otras personas, en la familia, en el trabajo y en la comunidad.

Es hora de decidir qué estamos dispuestos a hacer para alcanzar nuestro sueño de país. El verdadero punto de quiebre de un país no es cuando cambia un gobierno, es cuando cambia la actitud de sus ciudadanos frente a deberes y responsabilidades.

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