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¿Y si ganamos?

Sin un buen Congreso, no hay buen gobierno posible. Y sin un Congreso independiente, no hay contrapesos reales al poder.

hace 1 hora
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  • ¿Y si ganamos?

Por Juliana Velásquez Rodríguez - opinion@elcolombiano.com.co

Las democracias no siempre se quiebran de golpe; se erosionan con populismo y manipulación; muchas veces, se desgastan lentamente entre la indiferencia, la resignación y malas decisiones colectivas. Colombia llega a este año electoral con señales claras de fatiga institucional, desconfianza ciudadana y una peligrosa normalización de los excesos del poder.

Durante años hemos cometido el mismo error: reducir la democracia a la elección presidencial. Concentramos toda la atención, la emoción y la responsabilidad en una sola persona, como si el destino del país dependiera únicamente de quien llegue a la Casa de Nariño. Mientras tanto, elegimos al Congreso casi en silencio, sin debate público, sin escrutinio riguroso y sin entender lo que realmente está en juego. Ese error nos ha salido caro.

Vale la pena decirlo sin rodeos: la elección más importante de 2026 no empieza en mayo. Desde el 8 de marzo, día en que elegiremos al nuevo Congreso de Colombia, 107 senadores y 181 representantes a la Cámara, se empieza a jugar el futuro de nuestra democracia.

Y es que ganar en democracia es ganar instituciones sólidas, dinámicas y diversas; que garanticen la independencia de los poderes públicos y que construyan confianza en una ciudadanía veedora que responsablemente las eligió. Ganar no es celebrar un resultado de una sola persona en quien de manera torpe alojamos una esperanza desmedida. Es contar en el Congreso de la República con personas idóneas, que encarnen las ideas y proyectos necesarios para el desarrollo las regiones, que reconstruyan sistemas debilitados, que a través del camino legislativo construyan el futuro que como colombianos debemos acordar en medio de nuestra diversidad. Un Congreso de calidad excepcional es fundamental para cuidar la democracia.

Un buen gobierno necesita un buen Congreso. Unas bancadas serias, preparadas y legítimas que le permitan tramitar sus reformas, mejorar sus propuestas y convertir las promesas en políticas públicas viables. Pero igual de importante es lo contrario: si un gobierno, el que sea, es elegido y muchos colombianos no se ven reflejados en el poder ejecutivo, el país necesita un Congreso fuerte que sepa poner límites, ejercer un control político respetuoso y riguroso y defender las reglas de la democracia.

Sin un buen Congreso, no hay buen gobierno posible. Y sin un Congreso independiente, no hay contrapesos reales al poder.

Por eso, el debate público no es solo sobre quién va a gobernar, sino con qué Congreso va a hacerlo. Un legislativo fragmentado, clientelista, capturado por intereses particulares o carente de legitimidad no fortalece la democracia: la debilita. Y cuando el Congreso pierde legitimidad, la democracia pierde uno de sus pilares más importantes.

Desde Proantioquia tenemos esta convicción: este año no basta con votar. Hay que hacerlo bien para elegir el futuro. Informarse, mirar trayectorias, exigir coherencia, entender las listas, premiar la seriedad y castigar el oportunismo. El Congreso no puede seguir siendo el lugar donde se llega por inercia, por maquinaria o por cálculo personal. Es demasiado lo que está en juego. “El Parlamento no es un congreso de embajadores de intereses hostiles, sino una asamblea deliberativa de una nación”, decía Burke. Ganar para nosotros significa que como colombianos elegimos con gran responsabilidad, la asamblea deliberativa de nuestra querida nación. Si queremos un país democrático y con futuro, la jornada electoral del 8 de marzo no es un trámite. Es la primera gran decisión colectiva. Es la verdadera primera vuelta. Ganamos, si quienes nos representan en el Congreso están a la altura de los grandes retos de Colombia. Nuestro voto consciente es clave para este logro. ¿Y si ganamos?

*Presidenta ejecutiva Proantioquia

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