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Irán: entre el golpe y la incertidumbre

Vivimos en un momento internacional donde la fuerza vuelve a ocupar el centro del escenario.

hace 2 horas
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  • Irán: entre el golpe y la incertidumbre

Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve

La operación conjunta de Estados Unidos e Israel que culminó con la muerte del líder supremo de Irán marca uno de los episodios más dramáticos en la historia reciente del Medio Oriente. No se trata simplemente de un ataque militar de alto perfil. Es un golpe directo al corazón de un régimen que durante décadas ha sido actor central en la inestabilidad regional.

Conviene decirlo sin eufemismos: el régimen iraní ha financiado y armado grupos considerados terroristas por buena parte de la comunidad internacional, ha intervenido en conflictos a través de milicias proxy en Líbano, Siria, Yemen e Irak, y ha sostenido una agenda nuclear que generó alarma global. En el plano interno, ha reprimido con dureza protestas ciudadanas, con millas de detenidos y muertos en distintas oleadas de manifestaciones. Es una autocracia teocrática que no ha dudado en eliminar a sus propios críticos.

En ese contexto, no sorprende que fuera de sus fronteras pocas lágrimas se derramen por la eliminación de sus principales líderes. Para muchos gobiernos y sectores de opinión, se trata de la caída de una figura que simbolizaba décadas de confrontación y radicalismo.

Sin embargo, reconocer la naturaleza autoritaria del régimen no implica caer en simplificaciones estratégicas. La historia demuestra que la eliminación de un líder, por más emblemático que sea, no equivale automáticamente al colapso del sistema que lo sostiene. Irán es una estructura compleja, con poder distribuido entre la Guardia Revolucionaria, clérigos influyentes y redes económicas y militares que trascienden a una sola persona.

Las últimas horas lo demuestran. Hezbolá ha intensificado ataques desde el sur del Líbano hacia el norte de Israel, y la respuesta israelí ha sido inmediata contra posiciones en territorio libanés. Al mismo tiempo, cientos de misiles y drones iraníes han impactado objetivos en Israel y en varios países del Golfo, ampliando la confrontación más allá de las fronteras iraníes. Lo que empezó como una operación quirúrgica se ha convertido en una escalada regional.

El problema central es que no está claro que una campaña aérea, por contundente que sea, logre un cambio de régimen. La experiencia de las últimas décadas en distintos escenarios —desde Irak hasta Libia— muestra que el vacío de poder puede derivar en fragmentación interna, luchas entre facciones o incluso guerra civil. En un país del tamaño y la complejidad de Irán, ese escenario no es impensable.

Vivimos en un momento internacional donde la fuerza vuelve a ocupar el centro del escenario. Las grandes potencias actúan bajo la lógica de que la seguridad inmediata justifica decisiones unilaterales. Es la ley del poder, ejercida sin demasiados rodeos. El derecho internacional y los llamados a la moderación quedan relegados frente a la percepción de amenaza.

Para países como Colombia, la lección es clara. No se trata de aplaudir ni de condenar automáticamente, sino de entender la dinámica real del mundo. El pragmatismo no significa cinismo; significa reconocer que el orden global se redefine a través de hechos, no solo de discursos.

Irán entra ahora en una etapa de profunda incertidumbre. Puede abrirse una oportunidad de transformación. O puede incubarse un conflicto más amplio y prolongado. En Medio Oriente, las transiciones rara vez son lineales.

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