Hace un tiempo el diario El Heraldo publicó la siguiente noticia: En la Urbanización Los Cocos, de Barranquilla, cuatro motociclistas encañonaron a las personas que compraban votos para la candidata a la Cámara Isabel Figueroa, y se robaron siete millones de pesos contantes y sonantes. En consecuencia, muchos ciudadanos que habían vendido el voto se quedaron sin recibir su paga.
El cable remataba con la siguiente frase de un denunciante: “ladrón que le roba a ladrón tiene cien años de perdón”.
Por cuenta de ese espíritu desabrochado del Caribe, presente hasta en las malas noticias, lo que empezó como un fraude electoral y luego se convirtió en un terrible asalto, al final fue un capítulo más de nuestra comedia cotidiana.
El hecho me hizo recordar...