El chavismo, agonizante con Chávez muerto, intentó sobrevivir con los argumentos de la paranoia y las excusas mediocres de los complots. Pocos creían que los ideologismos construidos desde el Socialismo del Siglo XXI fueran a tener vida tras la caída del caudillo, pero nadie pudo prever un final tan catastrófico, a oscuras, con las alacenas vacías y las oficinas públicas trabajando semanas de dos días. Un país entero que desciende al infierno en barrena mientras el mundo político espera la explosión.
Nuestros vecinos caminan al cadalso mientras persiguen un fantasma que fue el inicio del fin. Algunos lo añoran con su boina roja y sus discursos interminables, mientras otros tantos encuentran en él una sombra para descargar toda su desgracia. Los...