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Las evaluaciones de los maestros, para reflexionar

Si no orientamos esta cultura de evaluación hacia la calidad, no lograremos despegar de nuestro lugar en Pisa.

hace 5 horas
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  • Las evaluaciones de los maestros, para reflexionar

Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co

La semana pasada apareció el vicepresidente electo José Manuel Restrepo en un video comentando la evaluación de los maestros de la educación pública del país. Hoy se evalúan el ~70% de los maestros; este porcentaje debe aumentar significativamente con la intención del nuevo gobierno de retirar los funcionarios públicos ya pensionados. Pero el tema va mucho más allá de la evaluación existente, como veremos abajo.

Se ha dicho, tal vez con base en leyendas urbanas, que los maestros no tienen evaluación. Esto cambió con el Decreto Ley 1278 de finales del gobierno de Andrés Pastrana, en 2002. Hoy, por ello, los maestros de la educación pública en Colombia se evalúan en competencias comportamentales y funcionales.

Las comportamentales, que son de carácter cualitativo, hacen referencia al liderazgo, a la capacidad de trabajar en equipo y a sus habilidades blandas. Las funcionales que se toman al final del año, sí tiene un carácter cuantitativo y van hasta 100 puntos, pero tiene un problema cultural, actitudinal y de economía política: el promedio general obtenido por los maestros es cercano a ese 100. Un adagio de los profesores en todas partes es que cuando los alumnos todos sacan 5 o todos se rajan, el problema es el profesor; aquí, es del sistema.

Es claro, por entrevistas con rectores, que los maestros protestan ante notas bajas, y que legalmente tienen derecho a apelación; claro de estas dependen sus ascensos. Los rectores y coordinadores de cada colegio, en general, no quieren confrontaciones, y es clara la presión de Fecode en el proceso; ellos querrían cambiar el D1278, pero como se describe arriba, es considerado excelente.

El tema de las evaluaciones es un asunto de cultura en cada colegio, aupado por la conveniencia de la nota cercana a los 100 puntos. Los docentes conocen cómo van a ser evaluados, pues son ellos quienes le proponen al rector, al inicio de año, su plan de trabajo, y de manera concordante lo firman ambos.

Los mejores colegios tienen siempre rectores extraordinarios (otro adagio muy cierto) por eso son el segundo factor intra-escolar que mejora la calidad (el primero los maestros, dirigidos, claro por los rectores); los rectores excelentes se toman muy en serio las evaluaciones, empezando por no delegarlas. Estos consideran el proceso un buen insumo para lograr que los docentes sean mejores cada día. Además, en la evaluación de ascenso se consideran las maestrías y doctorados obtenidos por los maestros, sin que estos necesariamente contribuyan a la calidad de la educación de los niños.

Parte del problema cultural es que el proceso es visto por los maestros como punitivo. En cualquier organización de clase mundial, las evaluaciones son parte del crecimiento personal y profesional de los colaboradores y sus líderes. La conversación que debe darse en Colombia es la de crear un sistema de desarrollo profesional docente que no existe, y eso también resolvería el tema de la diferenciación entre los directivos docentes y los docentes. Esto, sabiendo además que el ingreso a la planta es meritocrático.

Parafraseo al perenne Antanas Mockus: “le he mencionado a los miembros de Fecode que en sus procesos luchen por temas no solo para ellos, sino para los colegios”. Si no orientamos esta cultura de evaluación hacia la calidad, no lograremos despegar de nuestro lugar en Pisa, y obvio como indicador del aprendizaje y maduración de los ocho millones estudiantes de nuestro sistema educativo.

Coda: agradezco a Andrea Escobar, directora de Empresarios por la Educación, así como a las extraordinarias rectoras Patricia Ortiz y Carmen Martínez, por sus consejos y comentarios.

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