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Las votaciones atípicas a favor de Iván Cepeda

hace 2 horas
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  • Las votaciones atípicas a favor de Iván Cepeda

Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com

Ya con los datos de los escrutinios de la segunda vuelta, podemos ver patrones atípicos en muchas mesas y regiones del país.

Vamos por partes.

Primero, definamos qué es una mesa atípica: usé aquella en la que un candidato concentra el 95% o más del total de votos —incluidos blancos, nulos y no marcados— y que tiene al menos 150 votos, con lo que quedan descartadas las mesas pequeñas, donde un 100% no significa mucho.

Bajo esta definición, el primer hallazgo es la magnitud de la diferencia entre los dos candidatos. Cepeda registra 812 mesas con concentración del 95% o más, frente a 117 de De la Espriella. La brecha se amplía a medida que sube la exigencia, y el 100% exacto —una mesa entera sin un solo voto para el rival, ni nulo, ni en blanco— aparece únicamente del lado de Cepeda: 147 mesas “grandes” con el 100% de la votación.

Esas mesas no se reparten de manera uniforme por el territorio. El 80% de las mesas atípicas de Cepeda se concentra en cuatro departamentos del Pacífico —Nariño, Cauca, Chocó y Valle—.

El contraste se agudiza al cruzar la geografía con el Mapa de Riesgo Electoral de la MOE y excluir capitales y áreas metropolitanas.

El 60,7% de las mesas “atípicas” de Cepeda queda en municipios rurales con presencia de grupos armados. En De la Espriella esa proporción es del 6%: sus pocas mesas atípicas eran en su mayoría urbanas —Medellín, sobre todo— y se desvanecen al retirar las ciudades capitales.

Otro elemento es la relación de estas mesas atípicas con el crecimiento de participación de primera a segunda vuelta. Agrupados los municipios en diez deciles según ese crecimiento, el decil de mayor aumento —un alza promedio de 16 puntos— concentra 410 mesas atípicas de Cepeda y ninguna de De la Espriella, y en él Cepeda gana el 82% de los municipios.

Los votos nuevos tendieron a volcarse hacia Cepeda: 6.764 mesas presentan volcamiento a su favor —al menos el 90% del incremento entre vueltas— frente a 1.286 de De la Espriella. Las mesas que combinan salto anormal de participación y volcamiento casi total son 2.216 de Cepeda y 129 de De la Espriella.

Hay casos como el de Tumaco, donde la votación de Cepeda pasó de 85% a 90% entre vueltas —no mucho—, pero el total de votos creció 55%, de 41.000 a 76.000. En el Cauca, varios municipios superan ampliamente el 90% a favor de Cepeda: Timbiquí y Jambaló cerca del 97%, Almaguer, Guapi y Toribío en torno al 94%.

En Campamento, Antioquia, la votación de Cepeda pasó de 426 a 2.136 votos, en Angostura de 559 a 1.907 y en Anorí de 1.275 a 3.849. No se trata de zonas donde fuera dominante —en Campamento ni siquiera ganó—, pero la participación se disparó y se inclinó hacia él. El contexto es relevante: días antes de las elecciones, EL COLOMBIANO reveló mensajes de las disidencias a campesinos de esos municipios en los que se prohibía hacer proselitismo a favor de “la ultraderecha” bajo amenaza de “descargos” ante la organización.

¿Qué tanto fue coerción? Se necesitan más elementos para concluirlo, seguramente, pero por indicios parecidos se llegó a muchos de los casos más sonados de la parapolítica: una cosa es que un municipio tienda a favor de Cepeda, así como fue por Petro, pero lo que no debe normalizarse ni dejar pasar, por más que los totales no sean determinantes para la elección, es la prevalencia de votaciones monopólicas por un solo candidato que coincide con presencia de actores armados a los que sus políticas favorecen.

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