Un alcalde recientemente elegido ha declarado a los cuatro vientos que arreglará la situación de inseguridad de su ciudad “metiendo el Ejército a la calle”. Creer que con visibilizar los soldados en las esquinas, como explica el ministro de Defensa, los delincuentes se cohibirán de hacer lo suyo, es una ingenuidad. Es, además, un craso y repetitivo error de administradores públicos poco serios, un desvarío politiquero, no solo inefectivo sino dañino.
Ni entrenados, ni equipados para enfrentar narcomenudeadores, rateros, ladrones, atracadores, fleteros y sicarios, nuestros soldados, sin ninguna protección legal, serán víctimas de estos delincuentes o serán encarcelados por uso desproporcionado de la fuerza, sin contar con el daño colateral propio...