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Los 250 años de
La Riqueza de las Naciones

hace 49 minutos
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  • Los 250 años de La Riqueza de las Naciones
  • Los 250 años de La Riqueza de las Naciones

Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co

La física moderna nace el día en que a Isaac Newton se le ocurrió que todas las manzanas caídas desde la creación y todas las que caerían en el futuro estaban regidas por la misma ley que regía la caída de aquella que en ese momento golpeaba su cabeza.

La economía nace en el momento en que a Adam Smith se le ocurre que todos intercambios que en la historia han sido y los que serán en el futuro no son arbitrarios y que están regidos por una misma ley susceptible de ser develada y comprendida por la razón.

La relación de intercambio es la única relación social que tiene una expresión cuantitativa directa y por eso entender la ley que rige los intercambios es entender el funcionamiento de la sociedad económica.

La larga decadencia de la idea de un orden social basado en la ley divina – iniciada en los siglos XII y XIII con los enfrentamientos entre Güelfos y Gibelinos - condujo necesariamente a pensar la sociedad como algo auto instituido, surgida por la acción de los hombres mismos sin intervención divina exterior a ellos.

Lógicamente, la aparición de lo social debe darse a partir de lo no social, es decir, es a partir de los individuos pre-sociales y de su naturaleza como debe pensarse y resolverse el problema del surgimiento de la sociedad.

Ese es el proyecto de la ciencia política moderna inaugurada por Maquiavelo, en El Principe, y perfeccionada por Hobbes, en el Leviatán, y por Locke, en el Segundo Tratado sobre el gobierno civil. Los individuos pre-sociales – al parecer muy hirsutos los de Hobbes, más sosegados los de Locke – son llevados por su propio interés a renunciar a su derecho a la violencia para defender su vida y entregarlo un tercero – monarca o asamblea – que impondrá la paz entre los asociados. De esta forma la sociedad política se emancipa de la religión y el contrato sustituye a la devoción.

El punto de partida de Adam Smith, similar al de Hobbes, es “el estado primitivo y rudo de la sociedad que precede a la acumulación de capital y la apropiación de la tierra”. A diferencia de lo que ocurre con individuos pre-sociales de Hobbes, propensos a la guerra, los de Smith, llevados por una propensión a cambiar inherente a la condición humana, descubren el mercado y los beneficios de la especialización y se entregan al intercambio voluntario del producto de la pesca de los unos por el producto de la caza de los otros. La sociedad económica de cooperación voluntaria no precisa de un contrato político previo.

Ni Hobbes ni Smith están haciendo antropología, hacen teoría social. Por ello, es completamente irrelevante que el estado de naturaleza haya o no existido o que exista gente bondadosa y cumplidora del deber. El punto de partida es el mismo, pero Hobbes no puede deshacerse de la autoridad. Smith da un paso más: el mercado que se auto regula sustituye al contrato y la economía se emancipa de la política..

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