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Otro que no fue

hace 48 minutos
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Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co

Con su muerte al pasado viernes 8 de mayo, Germán Vargas Lleras se une a la lista de los cinco incluidos por Augusto Vásquez Díaz su libro, Los presidentes que no fueron, donde reúne estupendos ensayos dedicados a cada uno de ellos.

A los de Vásquez Díaz - Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Gilberto Alzate Avendaño, Luis Carlos Galán Sarmiento y Álvaro Gómez Hurtado – hay que añadir el nombre de otro que no fue, Gabriel Turbay Abunader, biografiado recientemente por la socióloga Olga González. Además de Vargas Lleras, por mi parte, no vacilo en añadir al sacrificado Miguel Uribe Turbay, a quien muy seguramente habríamos elegido en 2026 ó 2030.

Ni Uribe Uribe, ni Alzate Avendaño, ni, por supuesto, Uribe Turbay, participaron en una elección presidencial de la que hubiesen salido derrotados. No es esta característica por si sola, compartida por muchos otros políticos justamente olvidados, la que hace que alguien sea merecedor de entrar en la galería de los presidentes que no fueron. Para mí, y creo que para Augusto Vásquez también, se trata de algo más profundo e interesante, se trata de una cierta forma de hacer política o, si se quiere, de una forma de ser político, que es lo que distingue al hombre de estado del político ordinario.

El de la política es un mercado en el que se intercambian promesas por votos. Para hacerse elegir concejal o alcalde de un pequeño pueblo, la promesa debe ser específica y responder a una aspiración real de los electores. A medida que se amplía el ámbito de la competencia electoral, la promesa se hace menos específica, se torna más general y abstracta, hasta fundirse con la visión de lo que el hombre de estado cree es el bien común o el interés general de la nación que aspira a dirigir.

Tener una visión de país, trasmitida en escritos y discursos, es el rasgo característico de los presidentes que no fueron, todos ellos de elevado perfil intelectual, buenos escritores y mejores oradores.

Tal vez bajo la influencia del legado de su abuelo, Vargas Lleras llegó a la presidencial de 2010 con una visión de país plasmada en un enciclopédico programa con una solución para cada problema o, si se prefiere, un problema para cada solución. No fue suficiente, quedó en tercer lugar, debajo de Santos y Mockus.

Después de pasar por varios ministerios en el primer gobierno de Santos, en lo que fue su más grande error político, en 2014, decide unir definitivamente su destino al de aquel, sometiéndose a la vergüenza de la infame negociación con quienes habían atentado contra su vida y en la que no tuvo arte ni parte, pero cuyo costo político debió asumir en las elecciones de 2018 en las que cayó a un modesto cuarto lugar.

Seguidor asiduo de sus columnas, no encontré en ellas autocrítica alguna sobre el desastroso legado de Santos. Lo reivindica su posición vertical frente al gobierno de Petro. Paz en su tumba..

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