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Después de la euforia

hace 1 hora
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  • Después de la euforia

Por María Bibiana Botero Carrera - @mariabbotero

Superados los comicios del 8 de marzo y con mayor claridad sobre el panorama electoral hacia la primera vuelta presidencial, es innegable que el triunfo de Paloma Valencia en la Gran Consulta generó entusiasmo y esperanza entre sus seguidores. Un proyecto construido colectivamente, lejos de las apuestas personalistas de otras campañas. Ese día nació una tercería con posibilidades reales de disputar el poder.

En la victoria hubo triunfos materiales, como los casi seis millones de votos y, también, conquistas simbólicas.

Durante años, la izquierda se apropió de las banderas identitarias, como si la diversidad o la representación fueran patrimonio exclusivo de un sector político. El resultado de la Consulta rompe, al menos en parte, esa narrativa.

Hoy, paradójicamente, es la centro-derecha la que le ofrece al país una fórmula encabezada por una mujer y un representante de la comunidad LGBT. Las banderas de la diversidad y del ambiente ya no pueden presentarse como monopolio de un solo sector político.

Pero mal haría su electorado en dejarse embriagar por el triunfo. La euforia electoral suele ser una mala consejera. El momento exige humildad, disciplina y mucho trabajo político. El reto que sigue no es menor.

Aún faltan dos meses para la primera vuelta presidencial. Y dos meses, en política, son una eternidad. Lo que hoy parece una certeza puede cambiar rápidamente si ocurre un hecho político inesperado.

El punto de partida del tablero electoral parece claro. Iván Cepeda tiene prácticamente asegurado un lugar en la segunda vuelta. La pregunta entonces es, ¿quién ocupará el segundo puesto para disputar la presidencia? Ese segundo cupo es hoy el objetivo. Y por eso, por ahora, la disputa política inmediata no es contra Cepeda.

La competencia, de aquí a la primera vuelta, es contra Abelardo de la Espriella. Es él quien hoy disputa ese segundo lugar y, por tanto, el rival a vencer para poder llegar a la instancia definitiva de la elección. Ojalá competencia no se entienda entre los seguidores de ambos, como campo de batalla. Este nuevo escenario trae consigo un desafío enorme.

Al elegir su fórmula vicepresidencial, Valencia envió un mensaje claro: para ganar se necesita sumar votos. Las elecciones no se ganan únicamente con minorías intensas, se ganan construyendo mayorías amplias.

Juan Daniel Oviedo puede atraer nuevos votantes —más moderados, menos ideologizados—, pero esa ampliación del espectro también puede generar inquietud entre las bases más fieles al proyecto del Centro Democrático, que podrían interpretar ese movimiento como una renuncia a los principios que los convocaron inicialmente.

Por eso, la tarea más apremiante de la candidata debe ser mantener cohesionado a su electorado natural, que ve en la opción de De la Espriella y su fórmula, José Manuel Restrepo, la representación más nítida de los principios tradicionales de la derecha colombiana. El desafío es delicado: sumar sin fracturar; ampliar sin perder identidad; construir mayoría sin diluir el proyecto político; competir sin dejar heridas insalvables. Ese es el equilibrio que tendrá que lograr.

La euforia puede hacer creer que el camino está asegurado. La política, en cambio, nos recuerdan que las elecciones no se ganan celebrando los votos que ya se tienen, sino conquistando los que aún faltan.

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