x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

El ingeniero social

En política, el verdadero riesgo no siempre está en quien habla más fuerte, sino en quien trabaja más frío. Hoy, el único riesgo es Cepeda.

hace 2 horas
bookmark
  • El ingeniero social
  • El ingeniero social

Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada

Hay una forma de entender la política que no se explica únicamente por las ideas, sino por el carácter. En ese terreno, el contraste entre Gustavo Petro e Iván Cepeda es revelador. No estamos ante dos variantes de una misma corriente, sino ante dos temperamentos radicalmente distintos frente al poder, la disciplina y la acción.

Los estudios sobre líderes revolucionarios como Lenin y Stalin coinciden en un rasgo esencial, la frialdad metódica. No eran hombres del impulso ni del aplauso. Eran organizadores obsesivos, capaces de someter la realidad a una doctrina rígida y persistir durante décadas en un objetivo. La ideología, para ellos, más que discurso, era herramienta de precisión. Stalin llegó a concebirse como un ingeniero social, alguien que administra procesos, corrige desviaciones y elimina lo que considera sobrante sin parpadear, sin que le tiemble la mano.

En Iván Cepeda hay ecos de ese perfil. No improvisa ni busca seducir. Mide, calcula, prepara. No le sobra una palabra porque no está en campaña permanente, está en ejecución. Su persistencia, su capacidad de sostener causas durante años sin desviarse, responde a una disciplina casi ascética. No hay en él frivolidad, ni dispersión. Hay método. Hay constancia. Hay una forma de obsesión fría que en política suele ser eficaz. En ese mismo sentido, hay en él una noción de pureza doctrinal que desprecia lo que considera desviaciones burguesas. Nunca habría recibido con avidez bolsas de dinero. Ese tipo de prácticas le resultan indignas, decadentes, incompatibles con la severidad de quien se concibe como instrumento de una causa.

Gustavo Petro, en cambio, encarna otra tradición. En Francia la llaman gauche caviar, en el Reino Unido champagne socialists, en Estados Unidos radical chic, en Brasil esquerda Ballantine’s. Es una izquierda más cercana al símbolo que a la estructura, a la narrativa que a la ejecución. Fascinada por el gesto, por la estética del poder, por el brillo de las marcas, relojes, los viajes y los círculos sociales.

Petro no es un organizador, es un narrador. Su obsesión no es construir sistemas, sino producir discursos. Su relación con el poder pasa por la necesidad de expresarse, de ocupar el centro de la conversación. Llega tarde, improvisa, habla sin la rigurosidad que exige convertir ideas en políticas. Su figura se parece a una sombra chinesca, proyecta formas grandes, pero sin la densidad necesaria para sostenerlas.

Si se buscan referentes históricos, la diferencia se vuelve clara. Petro se acerca a Nikita Kruschov, efectista, impredecible, dado al gesto y a la teatralidad. Cepeda, en cambio, se aproxima al perfil de Stalin o de Trotski en su dimensión psicológica, frío, calculador, metódico, orientado a resultados y capaz de ejecutar sin distracciones.

Ahí está el punto central. Las transformaciones profundas no se logran con carisma. Exigen rutina, estudio, seguimiento. Exigen disciplina. Petro, absorbido por sus propias vanidades y por una necesidad constante de protagonismo, no parece hecho para esa tarea. No es que no quiera cambiar las cosas, es que no tiene la estructura para hacerlo. Cepeda sí la tiene. Y eso lo hace más relevante y también más inquietante para quienes no compartimos su visión.

Los proyectos rígidos no avanzan por el entusiasmo y el aplauso, sino por la persistencia y la disciplina. Petro ha abierto un camino. Pero la historia muestra que los procesos no los consolidan quienes los anuncian, sino quienes los ejecutan. Y en política, el verdadero riesgo no siempre está en quien habla más fuerte, sino en quien trabaja más frío. Hoy, el único riesgo es Cepeda. No perdamos el foco.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD