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La gran armadura

El 8 de marzo no solo elegimos una candidatura. Dejamos una armadura electoral en el camino. Hagámosla tan grande que nadie dude de nuestra fuerza.

hace 2 horas
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  • La gran armadura

Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada

En política, como en la guerra, las señales importan tanto como las decisiones.

Cualquier estratega militar sabe que la debilidad no disuade al adversario: lo incentiva. La vulnerabilidad no apacigua el conflicto: lo acelera. Por eso, a lo largo de la historia, quienes aspiraron a vencer entendieron que antes de ganar batallas había que imponer una percepción de fuerza. No es casual que los grandes comandantes hayan insistido en ello.

Napoleón advertía que en los momentos decisivos la audacia vale más que la prudencia tibia, porque la indecisión transmite miedo y el miedo convoca el ataque. Otros generales lo formularon con menos retórica y más crudeza: cuando el enemigo huele debilidad, avanza. Cuando percibe determinación, duda.

La historia atribuye a Alejandro Magno una anécdota reveladora. En su avance por territorios hostiles, dejaba abandonadas armaduras descomunales para que los pueblos que lo esperaban creyeran que se enfrentaban a un hombre gigantesco, casi invencible. No era un capricho teatral, sino una estrategia psicológica. La guerra se ganaba antes del combate, sembrando en el adversario la certeza de que resistir era inútil.

En democracia no se dejan armaduras en los caminos. Se dejan votos en las urnas. El próximo 8 de marzo tenemos la oportunidad de levantar una armadura electoral gigantesca, visible, incuestionable, que sobrecoja a nuestros adversarios Roy-cepe-petristas y les haga entender que hay una mayoría despierta, organizada y decidida a recuperar el rumbo del país. La gran consulta de la centro-derecha no es un trámite ni un simple mecanismo de selección. Es un acto de fuerza democrática. Un mensaje claro sobre dónde está la viabilidad, el futuro y la voluntad de poder.

En escenarios de confrontación política, los mensajes ambiguos se pagan caro. Cuando un sector duda, se fragmenta o se repliega, el adversario no interpreta prudencia, sino oportunidad. Por eso no caben cálculos pequeños, vanidosos, ni las excusas cómodas. Aquí no se trata de simpatías personales ni de afinidades parciales. Se trata de mandar una señal nítida. La abstención no es neutralidad. La abstención es silencio estratégico, y el silencio, en política, siempre lo llenan otros con sus gritos de victoria y esos gritos logran también acallar, incluso, rugidos de fortaleza.

En la GRAN CONSULTA hay matices, trayectorias distintas, experiencias diversas. Hay gestión, ideas, estilos, aciertos y errores. Hay de todo, como en botica. Precisamente por eso no existe razón para no votar. Cada voto suma a esa armadura colectiva que necesitamos mostrar, no para intimidar, sino para disuadir. Para dejar claro que no estamos dispuestos a ceder el país por falta de carácter.

Mi invitación, hoy será expresa. Los invito, no únicamente a votar, sino a votar por Paloma Valencia. Yo no lo hago solo por la estrategia que describí en estas líneas, sino por convicción. Paloma combina carácter con humanidad, firmeza con sentido social, preparación con coherencia. Tiene virtudes que comparten otros candidatos, pero sin defectos que hoy resultan costosos. Eso importa, porque lo que viene no se gana asustando, sino congregando. Hay además una coherencia profunda entre su vida pública y su vida privada. De ahí su familia unida, sólida, armónica.

Como recordaba Don Nicolás Gómez Dávila, el gobierno acertado de una familia exige tanta inteligencia, astucia y diplomacia como el de un Estado. No es una frase decorativa, sino una lección política. El 8 de marzo no solo elegimos una candidatura. Dejamos una armadura electoral en el camino. Hagámosla tan grande que nadie dude de nuestra fuerza, de nuestra voluntad de vencer y de nuestra decisión de derrotar democráticamente a quienes tanto daño le han hecho al país para que vuelva la esperanza y con ello, las soluciones urgentes que Colombia reclama.

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