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El “cambio” no debe frenar el progreso

Estas cifras y testimonios nos obligan a reclamar que el “cambio” no detenga el progreso social y la generación de oportunidades, sino que lo acelere con mayor equidad.

04 de abril de 2024
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  • El “cambio” no debe frenar el progreso
  • El “cambio” no debe frenar el progreso

Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com

Retomando el tema de la última columna sobre el desarrollo social de Colombia en las últimas décadas, varios indicadores adicionales muestran los logros. En 1975, la cobertura de la educación superior era del 6,5%, en 2022 de 55,9%. En 1993 poco menos de la tercera parte de la población tenía cobertura en salud, en 2023 era mayor al 95,0%. En 1970, el ingreso per cápita era $6.608.788, en 2022 era $18.760.730 (pesos 2010). Mostrar cifras es necesario pero también testimonios de personas que hacen parte de ese progreso social y lo que éste ha significado en términos de nuevas oportunidades.

Un testimonio es el de Sor Berenice Bedoya, senadora del AIS, en un reciente reportaje de EL COLOMBIANO, el cual reitera el poder transformador de la educación. A los 25 años, separada y con dos hijos, regresó del campo a la cabecera municipal a estudiar y a abrirse camino, mientras que cuidaba de ellos y de su mamá, “que lidiaba con un cáncer”. Trabajó como aseadora en una empresa de servicios municipales, y después de terminar bachillerato comenzó a estudiar Contaduría en una universidad, así logró llegar a ser gerente de la empresa. Su caso y el de su madre muestran, además, que el sistema de salud genera acceso efectivo y sin gastos de bolsillo que afecten el presupuesto de los hogares: Ella misma fue sometida a una cirugía de alta complejidad en el cerebro y contó con acompañamiento de la EPS en su recuperación. También a su madre, en zona rural alejada y perteneciente al régimen subsidiado, “le fue practicada la extirpación de un cáncer y sometida a tratamientos de alto costo en el Hospital San Vicente, uno de los mejores del país”.

Otro es el caso del nieto de una empleada del hogar de origen campesino, que comenzó trabajando como mensajero en una entidad mixta del sector agrícola, tuvo ahí la oportunidad de acceder a educación superior en la noche, y comenzó a escalar laboralmente en distintas entidades al tiempo que avanzaba en su formación posgradual. Logró llegar a uno de los ministerios más importantes y así a un cargo directivo de una entidad nacional de la seguridad social. Su abuela, afiliada al tan criticado sistema de salud, fue hospitalizada en medio de una compleja crisis pulmonar; el tratamiento duró más de una semana, estuvo en cuidados intensivos y el sistema de salud le salvó la vida, sin obligar a la familia a endeudarse. Es decir, el sistema es solidario en su funcionamiento con los afiliados más desvalidos. Y así miles de casos, como el exfuncionario público que el sistema de salud salvó de morir en la pandemia, le ayudó a su recuperación sin caer en la bancarrota (a diferencia de USA), o el campesino de una vereda de Sonsón que por un infarto fue remitido finalmente al Hospital Pablo Tobón y le salvaron la vida sin asumir ningún costo.

Estas cifras y testimonios nos obligan a reclamar que el “cambio” no detenga el progreso social y la generación de oportunidades, sino que lo acelere con mayor equidad.

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