Señor, tú que sabes dónde ponen las garzas, danos una mano con lo de Hidroituango. Para empezar, te pido la limosnita de un verano por el amor de Dios. Gracias por regalarnos el cocuyo, esa central hidroeléctrica en miniatura; muy amable por el agua, pero se te está yendo la mano. La que sobra la puedes utilizar para regar las flores de todos tus universos.
Si no te salió bien lo de la vejez, como dice un adagio, estos preocupantes bostezos de la montaña tampoco están a tu altura. Para demostrar que tienes la sartén por el mango no has permitido que “haiga” - como diría Tirofijo- un solo muerto. Primero la gente, es la divisa de quienes están al mando.
Se le dañan a uno los tres golpes diarios al ver tantos desplazados por la emergencia que viven...