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A marchas forzadas los candidatos sacan su mejor versión para sumar adeptos. Tienen que saberlo todo.
Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com
Esta campaña política está convertida en el despelote, el despiporre, el acabóse, el no me quieras Margot. Conviene usar WAZE y GPS para transitar por semejante caos.
A marchas forzadas los candidatos sacan su mejor versión para sumar adeptos. Tienen que saberlo todo. Por ejemplo, cuántas abejas, perdón, ovejas, hay que contar antes de caer en brazos de Morfeo. Está muerto el que ignore el número de rayas que tiene un paso cebra. O una cebra; deben recitar los apellidos y grupos sanguíneos de los hambrientos marineros que acompañaron a Colón.
Las respuestas deben ser certeras, originales, y conviene darlas en menos que se persigna un cura pedófilo. Demorar centésimas de segundos la respuesta sería perder el año. Los propios candidatos desean que se acaben los somnolientos debates para ser de nuevo sujetos comunes que van por la vida como cualquier hijo de vecino. Añoran las delicias de la lentitud, la cotidianidad, el anonimato, agradecer atardeceres.
Los músculos de la cara también piden tregua: en campaña solo se utilizan los de la sonrisa porque poner cara de jugador de póquer es sinónimo de estrepitosa derrota. Los músculos encargados de reflejar soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza, están de vacaciones. ¿Y cómo sobrevivir sin el aporte de los llamados pecados capitales y no capitales?
En casa, la mujer -o el señor- esperan que el candidato regrese a cumplir sus compromisos debajo de las cobijas y ayude a barrer y trapear. Salvo Fajardo que anda con su nueva esposa, los aspirantes andan solos para no distraerse en minucias kamasútricas.
Mientras los alfiles que le copiaron durante su alcaldía desfilan ante los tribunales, el inefable exalcalde Daniel Quintero piensa sacarle dividendos a su lagartada inmortal del 2025 cuando comparó a Petro con Gandhi y Martín Luther King. “¡Qué atropello a la razón!”. Su rival de consulta, el poeta Roy Barreras, militante de todas las cuerdas políticas, sueña con desplazar al candidato Cepeda ya que fue el encargado (Roy) de correr mojones éticos y de hacer los trabajos sucios en la campaña petrista.
Abelardo de la Espriella, a espaldas de los tigres, adoptó a este arrogante felino como su mascota ante el silencio de la Sociedad Protectora de Animales. El clon de Bukele puede hacer suya la divisa de Groucho Marx: si no le gustan mis principios se los cambio por otros. Cómo será de convincente el próspero abogado de sonrisa “guasquiladiada” ensayada frente al espejo, que tiene comiendo alpiste en la mano al movimiento “Creemos” del alcalde Fico que sacó 5.059. 526 en la primera vuelta presidencial y ganó la alcaldía con 697.910 devotos. ¡Semejante caudal para caer rendidos ante “Abe”! No importa que De la Espriella haya sentado la jurisprudencia de que la ética y el derecho, su profesión, nada tienen que ver. Que Dios nos coja confesados y comulgados.