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Un poeta triste en la Academia

El homenaje a Valencia Jaramillo tuvo marcado tufillo paisa pues en palabras del director de la Academia, Eduardo Durán Gómez, se reconocían también las bondades de la trova.

02 de mayo de 2024
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  • Un poeta triste en la Academia
  • Un poeta triste en la Academia

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

No se cambiaba ni por Dios mano a mano el escéptico poeta Jorge Valencia Jaramillo el Día del Idioma cuando la Academia Colombiana de la Lengua le gastó homenaje “por ser vos quién sois”. 350 asistentes aplaudieron de pie al nonagenario que vino de San Roque, Antioquia. (Para los regalos, cumple 91 el 31 de julio, como san Ignacio de Loyola).

De su sombrero sacó la Feria Internacional del Libro de Bogotá y Fundalectura. Tiene acciones en la Ley del Libro. Por pragmatismo, se hizo economista. Hasta ministro fue. Respiraba, y se le alborotaba la libido llerista.

Su madre le involucró el virus de la poesía. Con el sol a la espalda nos amenaza con otro libro de versos: Huracán en el paraíso. Dios, en quien no cree, nos tenga de su mano.

¿Hay que fundar revistas? Que se llame Pluma. ¿Toca traer de Europa las cenizas de Vargas Vila? Haberlo dicho antes. Don José está en el pabellón de los masones en el Cementerio Central de Bogotá. Desde la trasnochadora Pereira, “María Cano” se sumó al homenaje y recordó en Facebook que “hace unos años realizamos (con Valencia Jaramillo) una fraternal ceremonia en el cementerio libre de Circasia con hermanos masones”.

Su colega y amigo, Darío Restrepo Villa, felicitó a su paisano y comentó que “sigue creando utopías” como “Pro del Chocó” pensada para favorecer a los que llevan del bulto en ese olvidado departamento.

Por el Chocó anduvo Irene Vallejo llenándose de asombros y aportando libros. Por supuesto, no podía faltar la foto de Valencia con la escritora española, joder. A quien no la lea deberían esconderle el celular y prohibirle quebrantar el sexto mandamiento.

¿Por qué no invitar al escéptico Borges, su gurú, y a su esposa la señora Kodama? Lo hizo cuando fue alcalde de Medellín.

¿Hay que casarse bien casado? El mozartiano Valencia lo hizo con la beethoveniana editora Beatriz Cuberos, única bogotana que fue primera mujer de Medellín en la alcaldía de su romeo. Ella no solo le cuela el aire sino que le alcahuetea que se gaste la quincena en libros. Le soporta sus poemas antifeministas y le toma vistas, como dicen en San Roque. Todo por el mismo sueldo: gratis.

¿Hay que criar hijos para cuál cielo? Pues que tengan nombres poéticos: Jorge Daniel, León Felipe y Diego Alberto.

El homenaje a Valencia Jaramillo tuvo marcado tufillo paisa pues en palabras del director de la Academia, Eduardo Durán Gómez, se reconocían también las bondades de la trova “que en nuestro medio se desarrolló en el departamento de Antioquia y allí supo florecer como un elemento consustancial con las gentes de esa provincia...”.

La manifestación de amantes de las letras que se tomó la Academia se disolvió pacíficamente, informó la policía. Claro, con el ego del autodenominado poeta triste “un poco muy mucho” inflado. .

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