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Óscar y el columnismo jovial

Es un columnismo que libera de la condena por el superpoder informativo a las malas noticias y al estado de ánimo crispado, triste y cercano a la depresión.

11 de febrero de 2024
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  • Óscar y el columnismo jovial
  • Óscar y el columnismo jovial

Por Juan José García Posada - juanjogarpos@gmail.com

Mal televidente incorregible, suelo gastar demasiado tiempo en hacer estériles recorridos nocturnos por los numerosos canales y sólo me detengo en aquel que ofrezca algún programa excepcional. Por ejemplo, en el zapeo del jueves me encontré la transmisión de la entrega de premios del CPB y tuve la gratísima sorpresa de ver que la mayor de las distinciones, con el nombre de don Guillermo Cano, se le confirió a nadie menos que mi antiguo colega y amigo Óscar Domínguez Giraldo, compañero de Universidad y por muchos años de tensiones y buenas noticias en las redacciones de EL COLOMBIANO y Colprensa, la gran agencia nacional que él dirigía hasta jubilarse para seguir innovando en el culto al género del columnismo jovial, alegre, simpático, colmado de humor y genialidad, que nos hace sentir la vida menos trágica a sus lectores.

Desde su época de estudiante en la Escuela de Periodismo del Alma Mater, o Facultad de Comunicación, que dirigía don Alfonso Lopera, Óscar sobresalía por su apariencia de hippie, su estilo de compañero circunspecto y amistoso y sobre todo su dedicación de los ratos de descanso a seguir escribiendo por su cuenta y riesgo en una prosa entonces muy cervantina para su edad. Edad aquella en que nos desvelaban los encantos de unas compañeras de clase entre bonitas, pispas e inalcanzables. Después se fue a trabajar a Bogotá, como aplastateclas que dice, en Todelar y otras empresas informativas y luego se unió a Colprensa, pero desde aquella época, no recuerdo cuántos años atrás, ya escribía cada semana su infaltable Columna Desvertebrada en estas páginas en las que siempre hemos sostenido una buena vecindad. Varios libros ha publicado Domínguez Óscar. En uno de ellos me distinguió como prologuista, así como una mañana me obsequió su socarronería al hacerme creer que para sostenerse vendía cigarrillos en el Parque de Berrío, al pie del paradero del bus de La Floresta en que viajábamos a la Ciudad Universitaria.

Óscar ha mantenido su vigencia y seguro ha ampliado la cantidad de sus lectores sin perder ni una coma del teclado cerebral, del estilo que encuentro comparable con uno de los conceptos deducidos de La Gaya Ciencia, de Nietzsche. Es decir, la jovialidad, la alegría, la apacibilidad, la animación, el buen humor, la afabilidad, el optimismo y la gracia. Es un columnismo que libera de la condena por el superpoder informativo a las malas noticias y al estado de ánimo crispado, triste y cercano a la depresión.

El mismo filósofo alemán tan incomprendido invita en esa obra esencial a un librepensamiento saludable, para arrinconar la seriedad, con la gran paradoja de que el humor sí es cosa seria. Lo que se alcanza es, entonces, un nivel de libertad de pensamiento que permite hasta reírse de uno mismo. Es una maravilla encontrarse una noche, viendo televisión, con una noticia tan reconfortante como esta del Premio de Periodismo del CPB a Óscar Domínguez y su columnismo jovial.

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