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Oda a mi equipo

Sobre el cuidado sí que me han enseñado: no pasa ni un solo día en que no vea cómo se cuidan entre sí.

hace 1 hora
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  • Oda a mi equipo

Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Hoy quiero rendirle homenaje a mi equipo. No a “la Sele”, que también se merece un “¡viva!” por los partidazos que se ha jalado en el Mundial, sino a “mi” equipo —ojo, no es mío en el sentido de que me pertenezca, sino que es mío en el sentido de que yo siento que soy parte de él—: las personas con las que trabajo de lunes a viernes, 8.5 horas al día.

Hoy quiero rendirles homenaje, porque las admiro, porque constantemente me inspiran con su pasión y compromiso, y porque, a pesar de que el camino del liderazgo nunca termina, estoy convencida de que hoy soy mejor líder (y jefe y compañera), gracias a todo lo que aprendo de ellas.

Entre muchas cosas, me han enseñado a actuar con un poco más de pausa, la justa para darles a los procesos el valor que se merecen. Me han mostrado la importancia de la alegría —¡que no nos falte nunca!— y su efecto multiplicador y expansivo, no solo en estudiantes, docentes y comunidades educativas con las que trabajamos, sino también en nosotros como equipo. Además, me han demostrado que rigor no es sinónimo de rigidez, y que, por lo tanto, podemos diseñar procesos educativos y experiencias de aprendizaje que sean profundas, rigurosas y emocionantes, todo a la vez.

Frecuentemente me dan lecciones de humildad, tanto por la manera en la que trabajan y se relacionan entre ellas (y con estudiantes y profes), como por su forma, siempre cuidadosa, de mostrarme que no me las sé todas y que las cosas salen mejor cuando tengo en cuenta la visión de los demás. En este sentido, también me han enseñado sobre la confianza, y cómo ésta es fundamental para que las cosas pasen (en estos días leí que la confianza es lo que realmente hace mover al mundo, y mi equipo definitivamente materializa esto con creces). Además, sobre el cuidado sí que me han enseñado: no pasa ni un solo día en que no vea cómo se cuidan entre sí, y cómo —algo que me conmueve mucho— me cuidan a mí. Por ejemplo, como cuando les dije con cara de drama, y medio en charla medio en serio, que me quería ir para un lugar donde nadie me hablara: entre risas y bromas (por mi drama), no dudaron ni un minuto en animarme a sacar unos días libres, aun cuando estamos en pico de ejecución de proyectos, en negociación de nuevas propuestas y en el apogeo de la materialización de nuestros objetivos estratégicos de este año. Sabían que estaba drenada y que necesitaba descansar.

Puede que a algunas personas esto les parezca algo simple, común o sin relevancia, pero desde mi punto de vista, incluso “la Sele” quisiera tener un equipo así. Poder sentirme sostenida y respaldada por ellos, así como en un espacio seguro para ser vulnerable, ha hecho una gran diferencia en mi ejercicio de liderazgo. Por eso, aquí les va un gran “¡viva!”, que acompaño con el deseo de que cada líder, sin importar qué haga o dónde trabaje, pueda tener la fortuna de contar con un equipo como ustedes. ¡Salud!

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