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Siempre he pensado que el gran problema de las mujeres comienza cuando ponen al amor romántico en el centro de su vida.
Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo
Si me preguntan por qué me senté en aquel murito les respondería que porque estaba cansada. Y bueno, también porque me interesaba la conversación de las adolescentes del lado. Ya soy el tipo de señora que, además de cansarse, le gusta parar oreja. Tengo una camiseta que dice: «Ten cuidado o acabarás en mi novela». Para mi decepción, sólo las oí hablando de sus novios. No había un libro, una película, un viaje, un deporte que las sacara del monotema. Posiblemente tras mi partida hayan hablado de otra cosa. Al día siguiente, en una red social, una colega se quejaba por haber oído a una adolescente diciéndole a otra que estaba en embarazo y que iba a tener que casarse. Las palabras embarazo, tener y casarse no me gustaron nada. Me quedé pensando si acaso las cosas no han cambiado tanto como yo pensaba. Según he observado, las niñas de hoy tienen algo de lo que careció mi generación: referentes. Actualmente hay mujeres en la ciencia, en el arte, en la Nasa, en la literatura, en los deportes, en la informática y en muchísimos lugares en los que, hace algunos años, la presencia femenina era sospechosa. Lo que me molesta no es que las chicas hablen de hombres, embarazos y matrimonios lo que me molesta es que no hablen de ninguna otra cosa.
Siempre he pensado que el gran problema de las mujeres comienza cuando ponen al amor romántico en el centro de su vida. No estoy diciendo que el amor no sea una maravilla, estoy diciendo que debería ser tan solo un asunto más de la vida, no la vida entera. Hay que abrir lugar para todo lo demás, porque resulta que todo lo demás es mucho, es variado y es fascinante. Estoy convencida de que uno de los retos más difíciles de la existencia es encontrar qué nos apasiona, por eso hay que empezar a buscar cuanto antes. Los padres y los profesores deben ayudar a las niñas a explorar y cultivar sus intereses personales, de lo contrario, crecerán pensando que la única búsqueda necesaria es la de un hombre que las ame.
Cristina Rivera Garza, en su novela El invencible verano de Liliana, dice: «Cuando las amigas me cuentan embelesadas sus historias de amor yo solo alcanzo a distinguir sometimiento, falta de libertad, fracasos profesionales. Muchas dicen que quieren viajar, conocer el mundo, hacer cosas importantes, pero acaban enamorándose y después embarazándose y pronto queda todo atrás. Quedan ellas atrás de sí mismas. Alguien debe parar el amor. Alguien debe delatarlo». Yo también pienso que las mujeres que le dan excesiva importancia y prioridad al amor romántico terminan llevando vidas muy empobrecidas. En parte porque pensar únicamente en ello les impide ejercer de manera sana aquel amor que dicen amar. Caen en la trampa que ellas mismas han cavado y luego no entienden por qué, si dieron todo lo que tenían, se sienten tan vacías. El error no es dar todo lo que se tiene, el error es dárselo únicamente a la pareja de turno habiendo tantas, pero tantas, pero tantas otras cosas dignas de amar.