Estación Trasteo, en la que hay que irse a otra parte y cargar con lo propio, pues el espacio debe optimizarse (cada vez nos movemos a espacios más estrechos, es cosa de la sobrepoblación). Y en este trasteo uno se entera de todo lo que tiene y lo que debe comenzar a separar para saber qué hay, qué se necesita y qué sobra, lo que incluye objetos olvidados (libros no leídos por ejemplo) que son de otros, y que quizá, al devolverlos se nieguen a recibirlos porque sus dueños ya también ocupan un espacio donde apenas caben y miran asustados cualquier relleno que les llegue. Y ahí comienza el despiporre porque, separando lo esencial (donde también sobra), el asunto que sigue es qué se regala y a quién, qué se devuelve, qué se bota, qué tiene contenido...