Por Luis Hincapié
Es increíble que las autoridadez permanezcan indiferentes al drama que padecemos los usuarios de la carretera Medellín-La Pintada, por los constantes cierres que hacen eternos los viajes por esta vía que conduce al Eje Cafetero y al Occidente del país.
Es claro que el consorcio que realiza el mantenimiento requiere horas de cierre para adelantar los trabajos, pero se forman tacos interminables en cada frente de obra que afectan a personas que van a cumplir citas a Medellín o regresan a sus pueblos.
Para dar una idea, un viaje que debe tomar dos horas, hoy demanda cuatro y cinco, y regresos a municipios como Támesis, Valparaíso y Caramanta, que deben terminar a las ocho de la noche, muchas veces se prolongan hasta la media noche...