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Todos diciéndonos qué sentir

Creo que este es un buen momento para el criterio, para la elección. Tal vez ya es hora de reconocer que somos en gran parte lo que vemos, lo que leemos y lo que consumimos.

04 de julio de 2023
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  • Todos diciéndonos qué sentir

Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

Hace unos meses leí sobre The Affective Network, una herramienta de medición que se pregunta por el impacto de las redes sociales en las emociones de las personas.

Los investigadores de este proyecto han descubierto que nuestras percepciones de las cosas durante un día pueden estar altamente alteradas por el contenido que recibimos de nuestras redes sociales. No cambia la realidad, pero nosotros la vemos distinto después de haber recibido cualquier información a través de Instagram o Twitter, por ejemplo.

Ayer estuve leyendo un poco de la investigación de Julia Mosquera sobre las “emociones climáticas”, un proyecto que busca entender cómo el cambio climático también incide en nuestras emociones. Me sorprendió que hablaran de nuevos términos en sueco que usan el prefijo vergüenza para señalar, por ejemplo, la vergüenza que le da algunos viajar en avión. Flygskam es el término.

Es una provocación, sentir nos mantiene mejores frente a la inteligencia artificial, pero toda esa evolución intenta que perdamos control sobre lo que sentimos y así, terminamos perdiendo.

Y la verdad, creo que sí vamos perdiendo.

Ha sido muy doloroso confirmar que por ejemplo hay personas que sin ninguna vergüenza se burlan o cuestionan a quien acaba de sobrevivir a un bombardeo en un restaurante. “¿Quién los manda a estar allá?” decían unos sobre Héctor Abad, Catalina Ortiz y Sergio Jaramillo después de la noticia del bombardeo al que sobrevivieron en Ucrania. Y ese fue el cuestionamiento más breve, leí insultos, burlas. Hasta memes sacaron del tema.

De un bombardeo donde murieron personas, sacaron chistes.

Una movilización de odio espantosa.

Pero continuamos. Seguimos en ella, nos aterra, pero somos parte.

Hace un par de días que Elon Musk limitó la lectura en Twitter publiqué un tweet diciendo que nos estaban haciendo un favor. Ese espacio donde se supone que debemos conectarnos en red, ha terminado convirtiéndose en un Black mirror en vivo y en directo al que no reaccionamos.

En The Affective Network, el proyecto del que hablé al comienzo de este texto, dicen que evidenciar todo lo negativo que recibimos en redes no sugiere que tengamos espacios donde solo compartamos cosas positivas porque esto también podría llevarnos a un mayor aislamiento y a otra emoción compleja, como la vergüenza.

Creo entonces que es un buen momento para el criterio, para la elección.

Tal vez ya es hora de reconocer que somos en gran parte lo que vemos y lo que leemos y lo que consumimos.

De todo lo que leo, he concluido que hacer curaduría de lo que consumo, es la mejor manera de cuidarme y de protegerme.

Todos deberíamos hacer lo mismo. Es buen momento para eso.

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